lunes, 7 de abril de 2014

Leamos hoy Isaías 42

Leamos hoy


Isaías 42

La muerte de un Gran Siervo de Dios

"He aquí mi siervo, yo le sostendré; mi escogido, en quien mi alma tiene contentamiento; he puesto sobre él mi Espíritu; él traerá justicia a las naciones." Is. 42:1





"A pesar de las labores, los cuidados y las responsabilidades que llenaban la vida de mi esposo, su sexagésimo año lo encontró activo y vigoroso de mente y de cuerpo. Tres veces había caído bajo el golpe de la parálisis; y sin embargo, por la bendición de Dios, gracias a una constitución naturalmente fuerte, y a la atención estricta de las leyes de la salud, pudo regresar a la actividad. De nuevo viajó, predicó y escribió con su celo y energía acostumbrados. Habíamos trabajado lado a lado en la causa de Cristo por treinta y cinco años; y esperábamos permanecer juntos para presenciar la finalización triunfante de la obra. Pero tal no fue la voluntad de Dios. El protector elegido de mi juventud, el compañero de mi vida, el copartícipe de mis labores y aflicciones, fue arrebatado de mi lado, y fui dejada sola para terminar mi obra y para continuar peleando la batalla.

La primavera y la primera parte del verano de 1881 las pasamos juntos en nuestro hogar de Battle Creek. Mi esposo esperaba arreglar sus asuntos de tal manera que pudiéramos ir a la costa del Pacífico y dedicarnos a escribir. El creía haber hecho un error al permitir que las aparentes necesidades de la causa y los pedidos de nuestros hermanos nos urgieran a realizar un trabajo activo en la predicación cuando debiéramos haber estado escribiendo. Mi esposo quería presentar en forma más plena el tema glorioso de la redención, y por años yo había contemplado el plan de preparar libros importantes. Ambos sentíamos que mientras nuestras facultades mentales estuvieran vigorosas debíamos completar esos libros; que era un deber que teníamos, con nosotros mismos y con la causa de Dios, el descansar del ardor de la batalla y dar a nuestro pueblo la luz preciosa de la verdad que Dios había abierto ante nuestras mentes.

Algunas semanas antes de la muerte de mi esposo, yo le hablé con insistencia de la importancia de buscar un campo de trabajo en que nos viéramos libres de las cargas que necesariamente caían sobre nosotros estando en Battle Creek. En respuesta, él habló acerca de varios asuntos que requerían nuestra atención antes de poder partir: deberes que nos correspondían. Entonces, con un profundo sentimiento preguntó: “¿Dónde están los hombres para hacer esta obra? ¿Dónde están aquellos que tengan un interés abnegado en nuestras instituciones, y que se mantengan de parte de lo recto, sin dejarse afectar por ninguna influencia que puedan sentir?”

Con lágrimas expresó su ansiedad por nuestras instituciones de Battle Creek. Dijo él: “Mi vida la he dado para la edificación de estas instituciones. El dejarlas ahora es como la muerte. Ellas son mis hijos, y no puedo separar mis intereses de ellas. Estas instituciones son los instrumentos del Señor para hacer una obra específica. Satanás trata de estorbar y anular todos los medios por los cuales el Señor está trabajando por la salvación de los hombres. Si el gran adversario pudiera dar a estas instituciones un molde de acuerdo con las normas del mundo, lograría su objeto. Mi mayor ansiedad consiste en encontrar al mejor hombre para desempeñar cada tarea. Si en puestos de responsabilidad hay personas moralmente débiles, vacilantes en sus principios, e inclinadas a desviarse hacia el mundo, siempre habrá quienes se dejarán descarriar. No deben prevalecer las influencias perversas. Antes preferiría morir que vivir para ver a estas instituciones mal dirigidas, o desviadas del propósito por el cual fueron traídas a la existencia.

“En mis relaciones con la causa he estado por largo tiempo conectado muy estrechamente con la obra de publicaciones. Tres veces he caído, herido por la parálisis, debido a mi devoción a esta rama de la causa. Ahora que Dios me ha renovado fuerza física y mental, siento que puedo servir a su causa como nunca antes. Debo ver prosperar la obra de publicaciones. Está entretejida en mi propia existencia. Si olvido los intereses de esta obra, pierdo toda mi capacidad”.

Teníamos un compromiso para asistir a un congreso campestre en Charlotte, el sábado y el domingo 23 y 24 de julio. Decidimos viajar en carruaje privado. En el camino, mi esposo parecía alegre, y sin embargo un sentimiento de solemnidad descansaba sobre él. Repetidamente alababa a Dios por su misericordia y por las bendiciones recibidas, y expresaba libremente sus propios sentimientos concernientes al pasado y al futuro: “El Señor es bueno, digno de ser alabado. El es una ayuda presente en tiempo de necesidad. El futuro parece ser nublado e incierto, pero el Señor no quiere que nos aflijamos acerca de estas cosas. Cuando vengan las pruebas, él nos dará la gracia para soportarlas. Lo que el Señor ha sido para nosotros, y lo que él ha hecho por nosotros, debe hacernos sentir tan agradecidos que nunca murmuremos ni nos quejemos.

“Me ha parecido duro que se juzgaran mal mis motivos, y que mis mejores esfuerzos para ayudar, animar y fortalecer a mis hermanos, una y otra vez se hayan usado contra mí. Pero debía haber recordado a Jesús y sus chascos. Su alma fue agraviada al no ser apreciado por aquellos por quienes había venido a bendecir. Debía haberme espaciado en la misericordia y la bondad de Dios, alabándolo más, y quejándome menos de la ingratitud de mis hermanos. Si alguna vez hubiera dejado todas mis perplejidades con el Señor, pensando menos en lo que otros decían y hacían contra mí, habría tenido más paz y gozo. Ahora trataré de guardarme para no ofender ni de palabra ni con acciones, y luego trataré de ayudar a mis hermanos a dar pasos en la dirección correcta. No me detendré a lamentar ningún mal que se me haya hecho. He esperado de los hombres más de lo que debía. Amo a Dios y a su obra, y amo también a mis hermanos”.

Poco me imaginaba yo, mientras viajábamos, que éste había de ser el último viaje que haríamos juntos. El tiempo cambió repentinamente de un calor opresivo a un frío cortante. Mi esposo tomó frío, pero pensó que su salud era tan buena que no recibiría daño permanente. Trabajó en las reuniones que se realizaron en Charlotte, presentando la verdad con gran claridad y poder. Habló del placer que sentía de dirigirse a hermanos que manifestaban un interés tan profundo en los temas más queridos para él. “El Señor ciertamente ha refrigerado mi alma—dijo él—mientras he estado compartiendo con otros el pan de vida. Desde todas partes de Míchigan los hermanos están pidiendo ansiosamente que los ayudemos. ¡Cómo anhelo consolar, animar y fortalecer a los hermanos en las preciosas verdades aplicables a este tiempo!”

A nuestro regreso a casa, mi esposo se quejó de una ligera indisposición, y sin embargo se entregó a su trabajo como de costumbre. Cada mañana íbamos al bosquecillo cercano a nuestra casa, y nos uníamos en oración. Estábamos ansiosos por conocer nuestro deber. Constantemente llegaban cartas desde diferentes lugares, instándonos a asistir a congresos campestres. A pesar de nuestra determinación de dedicarnos a escribir, era difícil rechazar el reunirnos con nuestros hermanos en estas asambleas importantes. Con fervor rogábamos recibir sabiduría para conocer cuál era el proceder más correcto.

El sábado de mañana, como de costumbre, fuimos al bosquecillo, y mi esposo oró con todo fervor tres veces. No parecía dispuesto a cesar de interceder delante de Dios por una dirección y una bendición especiales. Sus oraciones fueron oídas, y recibimos paz y luz en nuestros corazones. El alabó a Dios y dijo: “Ahora le entrego todo a Jesús. Siento una paz dulce y celestial, una seguridad de que el Señor nos mostrará nuestro deber, porque nosotros deseamos hacer su voluntad”. Me acompañó al Tabernáculo [la iglesia adventista de Battle Creek], e inició los servicios con canto y oración. Era la última vez que había de ponerse en pie a mi lado en el púlpito.

El lunes siguiente comenzó a sufrir severos escalofríos, y al día siguiente también yo fui atacada. Fuimos llevados juntos al sanatorio para recibir tratamiento. El médico entonces me informó que mi esposo tenía la tendencia a dormirse y que estaba en peligro. En seguida me llevaron a su cuarto, y tan pronto como observé su rostro me di cuenta de que se estaba muriendo. Traté de despertarlo. El entendía todo lo que se le decía, y respondía a todas las preguntas que podían ser contestadas con sí o con no, pero parecía que era imposible que pudiera decir nada más. Cuando le dije que yo creía que se estaba muriendo, no manifestó ninguna sorpresa. Le pregunté si Jesús era precioso para él. Dijo: “Sí, oh sí”. “¿No tienes deseos de vivir?”, le pregunté entonces. El contestó: “No”. Entonces nos arrodillamos junto a su cama, y oramos por él. Una expresión de paz descansaba en su rostro. Le dije: “Jesús te ama. Debajo de ti están sus brazos eternos”. Contestó: “Sí, sí”.

El Hno. Smith y otros hermanos oraron entonces en torno a su cama, y se retiraron para pasar gran parte de la noche en oración. Mi esposo dijo que no sentía ningún dolor; pero evidentemente estaba decayendo con rapidez. El Dr. Kellogg y sus ayudantes hicieron todo lo que estaba a su alcance para arrebatarlo de la muerte. Revivió con lentitud, pero continuó muy débil.

A la mañana siguiente pareció revivir débilmente, pero cerca del mediodía tuvo unos escalofríos que lo dejaron inconsciente. A las cinco de la tarde del sábado 6 de agosto de 1881, en forma reposada, exhaló el último suspiro, sin lucha ni gemido alguno.

El choque de la muerte de mi esposo—tan repentino, tan inesperado—cayó encima de mí como un peso aplastador. En mi condición débil había reunido todas mis fuerzas para permanecer junto a su cama hasta el final; pero cuando vi sus ojos cerrados en la muerte, la naturaleza exhausta cedió y quedé completamente postrada. Por algún tiempo estuve oscilando entre la vida y la muerte. La llama vital ardía en forma tan baja que un soplo podía extinguirla. De noche mi pulso se debilitaba, y respiraba en forma más y más débil hasta que mi respiración parecía cesar. Sólo por la bendición de Dios y los cuidados ininterrumpidos del médico y sus ayudantes mi vida fue preservada.

Aunque no me había levantado de mi lecho de enferma después de la muerte de mi esposo, fui llevada al Tabernáculo el sábado siguiente para asistir a su funeral. Al final del sermón sentí mi deber de testificar del valor de la esperanza cristiana en la hora de dolor y aflicción. Al levantarme, me fueron dadas fuerzas, y hablé unos diez minutos, exaltando la misericordia y el amor de Dios ante aquella nutrida asamblea. Al final del servicio seguí a mi esposo al cementerio de Oak Hill, donde fue puesto a descansar hasta la mañana de la resurrección.

Mi fuerza física había sido postrada por el golpe, y sin embargo el poder de la gracia divina me sostuvo en mi gran aflicción. Cuando vi a mi esposo exhalar el último suspiro, sentí que Jesús era más precioso para mí que en ningún momento anterior de mi vida. Cuando estaba de pie junto a mi primogénito, y le cerré los ojos, pude decir: “El Señor dio, el Señor quitó; sea el nombre de Jehová bendito”. Y sentí entonces que tenía un consolador en Jesús. Y cuando mi último hijo fue arrebatado de mis brazos, y no podía ver más su cabecita sobre la almohada a mi lado, pude decir: “El Señor dio, el Señor quitó; sea el nombre de Jehová bendito”. Y cuando aquel sobre el cual se habían apoyado mis grandes afectos, aquel con quien había trabajado por 35 años, me fue arrebatado, pude poner mis manos sobre sus ojos y decir: “Te encomiendo mi tesoro, oh Señor, hasta la mañana de la resurrección”.

Cuando lo vi morirse, y vi a muchos amigos simpatizando conmigo, pensé: ¡Qué contraste con la muerte de Jesús cuando él colgaba de la cruz! ¡Qué contraste! En la hora de su agonía, los burladores se mofaban de él y lo ridiculizaban. Pero él murió, y pasó por la tumba para alegrarla, para hacerla más liviana, para que tuviéramos gozo y esperanza aun en ocasión de la muerte; para que pudiéramos decir, al poner a nuestros amigos a descansar en Jesús: “Nos volveremos a ver”.

A veces me parecía que no podría soportar la muerte de mi esposo. Pero estas palabras parecían impresionar mi mente: “Estad quietos, y conoced que yo soy Dios”. Salmos 46:10. Siento hondamente la pérdida, pero no me atrevo a entregarme a una congoja inútil. Esto no traería de regreso al muerto. Y no soy tan egoísta que, aunque pudiera hacerlo, lo sacara de su pacífico sueño para que de nuevo se empeñara en las batallas de la vida. Como un cansado guerrero, se acostó a descansar. Miraré con placer su lugar de reposo. La mejor manera en que yo y mis hijos podemos honrar la memoria del que ha caído es asumir la obra que él dejó y, con el poder de Jesús, llevarla hasta su terminación. Estaremos agradecidos por los años de utilidad que se nos han concedido; y por causa de mi esposo, y por causa de Cristo, aprenderemos de su muerte una lección que nunca olvidaremos. Permitiremos que esta aflicción nos haga más bondadosos y amables, más tolerantes, pacientes y considerados hacia los que viven.

Asumo la tarea de mi vida sola, con la plena confianza de que mi Redentor estará conmigo. Tendremos tan sólo un corto momento para proseguir la lucha; entonces Cristo vendrá, y esta escena de conflicto terminará. Entonces habremos realizado nuestros últimos esfuerzos para trabajar con Cristo y hacer progresar su reino. Algunos que han estado en el frente de batalla, resistiendo celosamente al enemigo que avanzaba, caen en el puesto del deber. Los vivos observan con lágrimas a los héroes caídos, pero no es tiempo de cesar en la obra. Ellos deben cerrar filas, tomar el estandarte de la mano paralizada por la muerte, y con energía renovada vindicar la verdad y el honor de Cristo.

Como nunca antes debe hacerse una decidida resistencia contra el pecado, contra los poderes de las tinieblas. El tiempo exige una actividad enérgica y determinada de parte de los que creen en la verdad presente. Si parece largo el tiempo de espera hasta que venga nuestro Libertador; si, doblegados por la aflicción y gastados por el trabajo, nos mostramos impacientes para recibir un retiro honorable de la guerra, recordemos—y que este recuerdo ahogue todo murmullo—que quedamos en la tierra para encontrar tormentas y conflictos, para perfeccionar un carácter cristiano, para familiarizarnos mejor con Dios nuestro Padre y con Cristo nuestro Hermano mayor, y para hacer la obra del Maestro en la salvación de muchas almas para Cristo. “Los entendidos resplandecerán como el resplandor del firmamento; y los que enseñan la justicia a la multitud, como las estrellas a perpetua eternidad”. Daniel 12:3. (Notas Biográficas EGW, 280)

Aunque tu dolor sea muy grande continúa sirviendo al Señor.

"Yo, el Señor, te he llamado en justicia; te he tomado de la mano. Yo te formé, yo te constituí como pacto para el pueblo, como luz para las naciones, para abrir los ojos de los ciegos, para librar de la cárcel a los presos, y del calabozo a los que habitan en tinieblas." Is. 42:6,7

Leamos Isaías 41


Leamos hoy


Isaías 41

No te angusties

"Pero tú, Israel, mi siervo, tú Jacob, a quien he escogido, simiente de Abraham, mi amigo: Te tomé de los confines de la tierra, te llamé de los rincones más remotos, y te dije: “Tú eres mi siervo.”
Yo te escogí; no te rechacé. Así que no temas, porque yo estoy contigo; no te angusties, porque yo soy tu Dios. Te fortaleceré y te ayudaré; te sostendré con mi diestra victoriosa." Is 41:8-10


En los tiempos de Isaías la comprensión espiritual de la humanidad se hallaba obscurecida por un concepto erróneo acerca de Dios. Durante mucho tiempo Satanás había procurado inducir a los hombres a considerar a su Creador como autor del pecado, el sufrimiento y la muerte. Los que habían sido así engañados se imaginaban que Dios era duro y exigente. Le veían como al acecho para denunciar y condenar, nunca dispuesto a recibir al pecador mientras hubiese una excusa legal para no ayudarle. La ley de amor que rige el cielo había sido calumniada por el gran engañador y presentada como una restricción de la felicidad humana, un yugo gravoso del cual debían escapar gustosos. Declaraba que era imposible obedecer sus preceptos, y que los castigos por la transgresión se imponían arbitrariamente.
Los israelitas no tenían excusa por olvidarse del verdadero carácter de Jehová. Con frecuencia se les había revelado como “Dios misericordioso y clemente, lento para la ira, y grande en misericordia y verdad.” Salmos 86:15Había testificado: “Cuando Israel era muchacho, yo lo amé, y de Egipto llamé a mi hijo.” Oseas 11:1.

El Señor había tratado a Israel con ternura al librarlo de la servidumbre egipcia y mientras viajaba hacia la tierra prometida. “En toda angustia de ellos él fué angustiado, y el ángel de su faz los salvó: en su amor y en su clemencia los redimió, y los trajo, y los levantó todos los días del siglo.” Isaías 63:9.

“Mi rostro irá contigo” (Éxodo 33:14), fué la promesa hecha durante el viaje a través del desierto. Y fué acompañada por una maravillosa revelación del carácter de Jehová, que permitió a Moisés proclamar a todo Israel la bondad de Dios e instruirlo en forma más completa acerca de los atributos de su Rey invisible. “Y pasando Jehová por delante de él, proclamó: Jehová, Jehová, fuerte, misericordioso, y piadoso; tardo para la ira, y grande en benignidad y verdad; que guarda la misericordia en millares, que perdona la iniquidad, la rebelión, y el pecado, y que de ningún modo justificará al malvado.” Éxodo 34:6, 7.
En este conocimiento de la longanimidad de Jehová y de su amor y misericordia infinitos había basado Moisés su admirable intercesión por la vida de Israel cuando, en los lindes de la tierra prometida, ese pueblo se había negado a avanzar en obediencia a la orden de Dios. En el apogeo de su rebelión, el Señor había declarado:

“Yo le heriré de mortandad, y lo destruiré;” y había propuesto hacer de los descendientes de Moisés una “gente grande y más fuerte que ellos.” Números 14:12Pero el profeta invocó las maravillosas providencias y promesas de Dios en favor de la nación escogida. Y luego, como el argumento más poderoso, insistió en el amor de Dios hacia el hombre caído. Vers. 17-19.
Misericordiosamente, el Señor contestó: 

“Yo lo he perdonado conforme a tu dicho.” 

Y luego impartió a Moisés, en forma de profecía, un conocimiento de su propósito concerniente al triunfo final de Israel. Declaró: 

“Mas, ciertamente vivo yo y mi gloria hinche toda la tierra.” Vers. 20, 21La gloria de Dios, su carácter, su misericordiosa bondad y tierno amor, aquello que Moisés había invocado en favor de Israel, había de revelarse a toda la humanidad. Y la promesa de Jehová fué hecha doblemente segura al ser confirmada por un juramento. Con tanta certidumbre como que Dios vive y reina, su gloria iba a ser declarada “entre las gentes” y “en todos los pueblos sus maravillas.” Salmos 96:3.

Acerca del futuro cumplimiento de esta profecía, Isaías había oído a los resplandecientes serafines cantar delante del trono: “Toda la tierra está llena de su gloria.” Isaías 6:3Y el profeta mismo, confiado en la seguridad de estas palabras, declaró audazmente más tarde acerca de aquellos que se postraban ante imágenes de madera y de piedra: “Verán la gloria de Jehová, la hermosura del Dios nuestro.” Isaías 35:2.
Hoy esta profecía se está cumpliendo rápidamente. Las actividades misioneras de la iglesia de Dios en la tierra están produciendo ricos frutos, y pronto el mensaje del Evangelio habrá sido proclamado a todas las naciones. “Para alabanza de la gloria de su gracia,” hombres y mujeres de toda tribu, lengua y pueblo son transformados y hechos “aceptos en el Amado,” “para mostrar en los siglos venideros las abundantes riquezas de su gracia en su bondad para con nosotros en Cristo Jesús.” Efesios 1:6; 2:7“Bendito Jehová Dios, el Dios de Israel, que solo hace maravillas. Y bendito su nombre glorioso para siempre: y toda la tierra sea llena de su gloria.”Salmos 72:18, 19.

En la visión que recibió Isaías en el atrio del templo, se le presentó claramente el carácter del Dios de Israel. Se le había aparecido en gran majestad “el Alto y Sublime, el que habita la eternidad, y cuyo nombre es el Santo;” sin embargo se le hizo comprender la naturaleza compasiva de su Señor. El que mora “en la altura y la santidad” mora también “con el quebrantado y humilde de espíritu, para hacer vivir el espíritu de los humildes, y para vivificar el corazón de los quebrantados.” Isaías 57:15. El ángel enviado a tocar los labios de Isaías le había traído este mensaje: “Es quitada tu culpa, y limpio tu pecado.” Isaías 6:7.
Al contemplar a su Dios, el profeta, como Saulo de Tarso frente a Damasco, recibió no sólo una visión de su propia indignidad, sino que penetró en su corazón humillado la seguridad de un perdón completo y gratuito, y se levantó transformado. Había visto a su Señor. Había obtenido una vislumbre de la hermosura del carácter divino. Podía atestiguar la transformación que se realizó en él por la contemplación del amor infinito. Se sintió inspirado desde entonces por el deseo ardiente de ver al errante Israel libertado de la carga y penalidad del pecado. Preguntó el profeta: “¿Para qué habéis de ser castigados aún?” “Venid luego, dirá Jehová, y estemos a cuenta: si vuestros pecados fueren como la grana, como la nieve serán emblanquecidos: si fueren rojos como el carmesí, vendrán a ser como blanca lana.” “Lavad, limpiaos; quitad la iniquidad de vuestras obras de ante mis ojos; dejad de hacer lo malo: aprended a hacer bien.” Isaías 1:5, 18, 16, 17.
El Señor a quien aseveraban servir, pero cuyo carácter no habían comprendido, les fué presentado como el gran Médico de la enfermedad espiritual. ¿Qué importaba que toda la cabeza estuviese enferma y desmayase el corazón? ¿Qué importaba que desde la planta del pie hasta la coronilla no hubiese lugar sano, sino heridas, magulladuras y llagas putrefactas? Vers. 6El que se había desviado siguiendo los impulsos de su corazón podía sanar si se volvía al Señor. Dios declaraba: “Visto he sus caminos, y le sanaré, y le pastorearé, y daréle consolaciones... Paz, paz al lejano y al cercano, dijo Jehová; y sanarélo.” Isaías 57:18, 19.
El profeta ensalzaba a Dios como Creador de todo. Su mensaje a las ciudades de Judá era: “¡He ahí a vuestro Dios!” Isaías 40:9 (VM)“Así dice el Dios Jehová, el Criador de los cielos, y el que los extiende; el que extiende la tierra y sus verduras: ... Yo Jehová, que lo hago todo; ... que formo la luz y crío las tinieblas; ... yo hice la tierra, y crié sobre ella al hombre. Yo, mis manos, extendieron los cielos, y a todo su ejército mandé.” Isaías 42:5; 44:24; 45:7, 12. “¿A qué pues me haréis semejante, o seré asimilado? dice el Santo. Levantad en alto vuestros ojos, y mirad quien crió estas cosas: él saca por cuenta su ejército: a todas llama por sus nombres; ninguna faltará: tal es la grandeza de su fuerza, y su poder y virtud.” Isaías 40:25, 26.
A aquellos que temían que no serían recibidos si volvían a Dios, el profeta declaró: “¿Por qué dices, oh Jacob, y hablas tú, Israel: Mi camino es escondido de Jehová, y de mi Dios pasó mi juicio? ¿No has sabido, no has oído que el Dios del siglo es Jehová, el cual crió los términos de la tierra? No se trabaja, ni se fatiga con cansancio, y su entendimiento no hay quien lo alcance. El da esfuerzo al cansado, y multiplica las fuerzas al que no tiene ningunas. Los mancebos se fatigan y se cansan, los mozos flaquean y caen: mas los que esperan a Jehová tendrán nuevas fuerzas; levantarán las alas como águilas; correrán, y no se cansarán; caminarán, y no se fatigarán.” Vers. 27-31.
El corazón lleno de amor infinito se conduele de aquellos que se sienten imposibilitados para librarse de las trampas deSatanás; y les ofrece misericordiosamente fortalecerlos a fin de que puedan vivir para él. Les dice: 

“No temas, que yo soy contigo; no desmayes, que yo soy tu Dios que te esfuerzo; siempre te ayudaré, siempre te sustentaré con la diestra de mi justicia.” “Porque yo Jehová soy tu Dios, que te ase de tu mano derecha, y te dice: No temas, yo te ayudé. No temas, gusano de Jacob, oh vosotros los pocos de Israel; yo te socorrí, dice Jehová, y tu Redentor el Santo de Israel.” Isaías 41:10, 13, 14.

Todos los habitantes de Judá eran personas sin méritos, y sin embargo Dios no quería renunciar a ellos. Por su medio, el nombre de él debía ser ensalzado entre los paganos. Muchos que desconocían por completo sus atributos habían de contemplar todavía la gloria del carácter divino. Con el propósito de presentar claramente sus designios misericordiosos, seguía enviando sus siervos los profetas con el mensaje: 

“Volveos ahora de vuestro mal camino.” Jeremías 25:5.

“Por amor de mi nombre dilataré mi furor, y para alabanza mía te daré largas, para no talarte.” “Por mí, por amor de mí lo haré, para que no sea mancillado mi nombre, y mi honra no la daré a otro.” Isaías 48:9, 11.

El llamamiento al arrepentimiento se proclamó con inequívoca claridad, y todos fueron invitados a volver. El profeta rogaba: 
“Buscad a Jehová mientras puede ser hallado, llamadle en tanto que está cercano. Deje el impío su camino, y el hombre inicuo sus pensamientos; y vuélvase a Jehová, el cual tendrá de él misericordia, y al Dios nuestro, el cual será amplio en perdonar.” Isaías 55:6, 7.

¿Escogiste tú, lector, tu propio camino? ¿Te has extraviado lejos de Dios? ¿Has procurado alimentarte con los frutos de la transgresión, tan sólo para hallar que se tornan cenizas en tus labios? Y ahora, frustrados los planes que hiciste para tu vida, muertas tus esperanzas, ¿te hallas sentado solo y desconsolado? Esa voz que desde hace mucho ha estado hablando a tu corazón y a la cual no quisiste escuchar, te llega distinta y clara: 

“Levantaos, y andad, que no es ésta la holganza; porque está contaminada, corrompióse, y de grande corrupción.” Miqueas 2:10

Vuelve a la casa de tu Padre. El te invita diciendo: 

“Tórnate a mí, porque yo te redimí.” “Venid a mí; oíd, y vivirá vuestra alma; y haré con vosotros pacto eterno, las misericordias firmes a David.” Isaías 44:22; 55:3.
No escuches al enemigo cuando te sugiere que te mantengas alejado de Cristo hasta que hayas mejorado; hasta que seas bastante bueno para allegarte a Dios. Si aguardas hasta entonces, no te acercarás nunca a él. Cuando Satanás te señale tus vestiduras inmundas, repite la promesa del Salvador:

“Al que a mí viene, no le echo fuera.” Juan 6:37

Di al enemigo que la sangre de Cristo te limpia de todo pecado. Haz tuya la oración de David: 
“Purifícame con hisopo, y seré limpio: lávame, y seré emblanquecido más que la nieve.” Salmos 51:7.

Las exhortaciones dirigidas por el profeta a Judá para que contemplase al Dios viviente y aceptase sus ofrecimientos misericordiosos, no fueron vanas. Hubo algunos que le escucharon con fervor, y se apartaron de sus ídolos para adorar a Jehová. Aprendieron a ver amor, misericordia y tierna compasión en su Hacedor. Y en los días sombríos que iban a presentarse en la historia de Judá, cuando sólo quedaría un residuo en la tierra, las palabras del profeta iban a continuar dando fruto en una reforma decidida. Declaró Isaías:
“En aquel día mirará el hombre a su Hacedor, y sus ojos contemplarán al Santo de Israel. Y no mirará a los altares que hicieron sus manos, ni mirará a lo que hicieron sus dedos, ni a los bosques, ni a las imágenes del sol.” Isaías 17:7, 8.

Muchos iban a contemplar al que es del todo amable, el principal entre diez mil. Esta fué la misericordiosa promesa que se les dirigió:
  
“Tus ojos verán al Rey en su hermosura.” Isaías 33:17. 
Sus pecados iban a ser perdonados, y pondrían su confianza en Dios solo. En aquel alegre día en que fuesen redimidos de la idolatría, exclamarían: “Porque ciertamente allí será Jehová para con nosotros fuerte, lugar de ríos, de arroyos muy anchos... Porque Jehová es nuestro juez, Jehová es nuestro legislador, Jehová es nuestro Rey, él mismo nos salvará.” Vers. 21, 22.
Los mensajes dados por Isaías a aquellos que decidieran apartarse de sus malos caminos, estaban impregnados de consuelo y aliento. Oigamos las palabras que les dirigió el Señor por medio de su profeta:

“Acuérdate de estas cosas, oh Jacob, e Israel,
pues que tú mi siervo eres:
yo te formé; siervo mío eres tú: Israel, no me olvides.
Yo deshice como a nube tus rebeliones,
y como a niebla tus pecados:
tórnate a mí, porque yo te redimí.”
 Isaías 44:21, 22.

“Y dirás en aquel día: Cantaré a ti, oh Jehová:
pues aunque te enojaste contra mí,
tu furor se apartó, y me has consolado.
He aquí Dios es salud mía;
aseguraréme, y no temeré;
porque mi fortaleza y mi canción es Jah
Jehová, el cual ha sido salud para mí...

“Cantad salmos a Jehová; porque ha hecho cosas magníficas:
sea sabido esto por toda la tierra.
Regocíjate y canta, oh moradora de Sión:
porque grande es en medio de ti el Santo de Israel.”
 Isaías 12. (Profetas y Reyes, 235)



"Porque yo soy el Señor, tu Dios, que sostiene tu mano derecha; yo soy quien te dice: “No temas, yo te ayudaré.” No temas, gusano Jacob, pequeño Israel —afirma el Señor—, porque yo mismo te ayudaré; ¡el Santo de Israel es tu redentor!" Is. 41:13,14


Leamos hoy Isaías 40

Leamos hoy


Isaías 40

Un Dios infinito


"El da esfuerzo al cansado, y multiplica las fuerzas al que no tiene ningunas. Los muchachos se fatigan y se cansan, los jóvenes flaquean y caen; pero los que esperan a Jehová tendrán nuevas fuerzas; levantarán alas como las águilas; correrán, y no se cansarán; caminarán, y no se fatigarán." Is 40:29-31


"Los mayores intelectos humanos no pueden comprender los misterios de Jehová que se revelan en la naturaleza. La inspiración divina hace muchas preguntas que no puede contestar el erudito más profundo. Estas preguntas no fueron hechas para que las pudiésemos contestar, sino para llamar nuestra atención a los profundos misterios de Dios y enseñamos que nuestra sabiduría es limitada, que en lo que rodea nuestra vida diaria hay muchas cosas que superan la comprensión de las mentes finitas y que el juicio y el propósito de Dios son inescrutables. Su sabiduría es también insondable.

Los escépticos se niegan a creer en Dios porque sus mentes finitas no pueden comprender el poder infinito por medio del cual él se revela a los hombres. Pero se le ha de reconocer más por lo que no revela de sí mismo que por lo que está abierto a nuestra comprensión limitada. Tanto en la revelación divina como en la naturaleza, Dios nos ha dejado misterios que exigen fe. Así debe ser. Podemos escudriñar siempre, averiguar de continuo, aprender constantemente, y, sin embargo, quedará por delante lo infinito.


“Quién midió las aguas con el hueco de su mano
y los cielos con su palmo, con tres dedos juntó
el polvo de la tierra,

y pesó los montes con balanza y con pesas los collados?
Quién enseñó al Espíritu de Jehová,
o le aconsejó enseñándole?
¿A quién pidió consejo para ser avisado?
¿Quién le enseñó el camino del juicio,
o le enseñó ciencia, o le mostró la senda de la prudencia?
He aquí que las naciones le son como la gota de agua
que cae del cubo, y como menudo polvo en las balanzas
le son estimadas; he aquí que hace desaparecer
las islas como polvo.
Ni el Líbano bastará para el fuego,
ni todos sus animales para el sacrificio.
Como nada son todas las naciones delante de él;
y en su comparación serán estimadas
en menos que nada, y que lo que no es.
¿A qué, pues, haréis semejante a Dios,
o qué imagen le compondréis?
El artífice prepara la imagen de talla,
el platero le extiende el oro
y le funde cadenas de plata.
El pobre escoge, para ofrecerle, madera que no se apolille;
se busca un maestro sabio,
que le haga una imagen de talla que no se mueva.
¿No sabéis? ¿No habéis oído?
¿Nunca os lo han dicho desde el principio?
¿No habéis sido enseñados desde que la tierra se fundó?
Él está sentado sobre el círculo de la tierra,
cuyos moradores son como langostas;
él extiende los cielos como una funda para morar;
él convierte en nada a los poderosos,
y a los que gobiernan la tierra hace como cosa vana.
Como si nunca hubieran sido plantados,
como si nunca hubieran sido sembrados,

como si nunca su tronco hubiera tenido raíz en la tierra;
tan pronto como sopla en ellos se secan,
y el torbellino los lleva como hojarasca.
¿A qué, pues, me haréis semejante o me compararéis?,
dice el Santo.
Levantad en alto vuestros ojos,
y mirad quién creó estas cosas;
él saca y cuenta su ejército; a todas llama por sus nombres;
ninguna faltará; tal es la grandeza de su fuerza,
y el poder de su dominio.
¿Por qué dices, oh Jacob, y hablas tú, Israel:
Mi camino está escondido de Jehová,
y de mi Dios pasó mi juicio?
¿No has sabido, no has oído que el Dios eterno es Jehová,
el cual creó los confines de la tierra?
No desfallece, ni se fatiga con cansancio,
y su entendimiento no hay quien lo alcance.
Él da esfuerzo al cansado,
y multiplica las fuerzas al que no tiene ningunas.
Los muchachos se fatigan y se cansan,
los jóvenes flaquean y caen;
pero los que esperan en Jehová tendrán nuevas fuerzas;
levantarán alas como las águilas;
correrán, y no se cansarán;
caminarán, y no se fatigarán.
Isaías 40:12-31." (8 TI, 273)


Nuevas fuerzas

"Los que trabajan para Dios se encontrarán con incomodidad, confusión y cansancio. A veces el corazón distraído casi se desespera, presa de la incertidumbre. Cuando lo envuelve esta clase de desasosiego nervioso, el obrero debería detenerse y descansar. Cristo lo invita: “Venid vosotros aparte a un lugar desierto, y descansad un poco”. Marcos 6:31. “El da esfuerzo al cansado, y multiplica las fuerzas al que no tiene ningunas... Los que esperan a Jehová tendrán nuevas fuerzas; levantarán alas como las águilas; correrán, y no se cansarán; caminarán, y no se fatigarán”. Isaías 40:29, 31.

El obrero no puede tener buen éxito mientras eleva a Dios oraciones apresuradas, para luego correr y dar atención a cosas que teme descuidar u olvidar. Sólo toma tiempo para dedicarle de prisa algunos pensamientos a Dios, eso es todo. No se da tiempo para pensar, para orar, ni para esperar que el Señor le renueve tanto sus energías físicas como espirituales. Pronto queda rendido. No siente la influencia elevadora e inspiradora del Espíritu de Dios. No es reanimado por una vida fresca. Su cuerpo agotado y su cerebro cansado no experimentan alivio mediante el contacto personal con Cristo.

“Aguarda a Jehová; esfuérzate, y aliéntese tu corazón; sí, espera a Jehová”. Salmos 27:14...

Nuestra vida debe estar escondida con Cristo en Dios; y si así la ocultamos, en sus manos se convertirá en una lámpara que arrojará sobre el mundo una luz brillante y constante... Pero aunque el tiempo es corto y hay una gran obra que hacer, el Señor no se complace con que prolonguemos las horas de trabajo de tal modo que no quede tiempo para disfrutar de períodos de descanso, para el estudio de la Biblia ni para la comunión con Dios. Todo esto es esencial para fortalecer el alma, para colocarnos en una posición en la cual recibamos la sabiduría de Dios para utilizar nuestros talentos al servicio del Maestro en la manera más responsable." (Exaltad a Jesús, 257)


Un Amor que no se cansa

"El amor a Jesús será visto y sentido. No puede esconderse. Ejerce un poder maravilloso. Hace intrépido al tímido, diligente al perezoso y sabio al ignorante. Hace elocuente a la lengua titubeante; despierta al intelecto dormido hacia una vida nueva y vigorosa. Da esperanzas al desalentado, y alegría al abatido. El amor a Cristo conducirá a su poseedor a aceptar responsabilidades por amor a El y a llevarlas con sus fuerzas. El amor a Cristo no desmayará por la tribulación ni se apartará del deber por el vituperio...

La paz de Cristo es de más valor que todos los tesoros terrenales. Busquemos al Señor con todo nuestro corazón, aprendamos de Cristo a ser mansos y humildes para que encontremos descanso para el alma. Despertemos nuestras energías dormidas y seamos activos, entusiastas y fervientes. La conducta y el ejemplo, así como las palabras del cristiano, debieran ser tales que despierten en el pecador el deseo de acercarse a la Fuente de vida.

Abramos, entonces, nuestros corazones a los brillantes rayos del Sol de justicia. Trabajemos gozosa y alegremente para nuestro Maestro. Alabémosle, no sólo con nuestras palabras, en la congregación de los santos, sino también con una vida bien ordenada y una piadosa conversación; una vida que manifieste un esfuerzo cristiano activo y noble. Seamos diligentes en asegurar nuestro llamamiento y nuestra elección, recordando que al fin triunfaremos si no nos cansamos de hacer el bien." (The Signs of the Times, 24 de junio de 1886).

Dios lo ama infinitamente y está dispuesto a llevarlo a las alturas

Esta listo a levantar el vuelo?

sábado, 5 de abril de 2014

Aquel que ama

Se siente amado?

Cuán importante es el amor? (1Cor.13)


1. El que ama da (Jn 3:16)


2. El que ama busca (Jer. 29:13)

Amamos lo suficiente?

3. El que ama se entrega (Jn 15:13)

Cuanto ama ud.?


viernes, 4 de abril de 2014

Leamos hoy Isaías 39

Leamos hoy


Isaías 39


Yo cuido solo mi pescuezo

"El mensaje del Señor que tú me has traído es bueno —respondió Ezequías.

Y es que pensaba: «Al menos mientras yo viva, habrá paz y seguridad." Is. 39:8

Justos pagan por pecadores.

Esa es una realidad dolorosa y muy difícil de aceptar.

La gente hoy en día se preocupa con lo que pasa en su "gestión". los alcaldes, prefectos y casi (ojo: casi) todas las autoridades de instituciones públicas y privadas viven hoy un momento en que cada uno se preocupa con lo que sucede en su "gestión" y muchos problemas se dejan para "el que vendrá". El "que vendrá" ni apenas entra, recibe como bienvenida una bomba en sus manos.

El que viene después paga los "platos rotos".

Es ud. honesto con los que vendrán después de ud.?

Es cierto que no somos los salvadores del universo; sin embargo nuestro aporte siempre será significativo para lo que suceda más adelante.

Una Política diferente: Pagar el precio

Contra toda política y opinión hace 70 años atrás en el municipio de Sao Jose dos Campos; el gobernador de aquella ciudad, que nadie quería visitar porque en ella sólo había tres hospitales de tuberculosis de tal modo que solo vivían enfermos, decretó que todas las empresas que quisieran establecerse tendrían 30 años libre de impuestos y terrenos provistos por el gobernador.

Cuál fue el resultado? Hoy es una de las ciudades mas hermosas, limpias, desarrolladas y con más alto nivel de calidad de vida. Pero esto le costó el cargo y el pescuezo a dicho gobernador.

Muchos hoy no están dispuestos a pagar el precio por un futuro mejor para todos. Aquel gobernador nunca consiguió vivir su sueño; sin embargo sus obras quedaron.

Y las obran de un cristiano cuánto importan?

Si le preguntase a Abraham, Salomón, Ezequías, Pedro, Juan de seguro ellos responderían: Muchísimo!

En un momento de salud y extralimitada alegría Ezequías decidió llevarse por su vanidad y cuando vinieron los babilonios en vez de mostrarles al Dios que lo sanó, les mostró sus joyas y tesoros.

Cómo pretendemos revelar a un Dios eterno, mostrando a las personas tesoros pasajeros?

Su respuesta: Por lo menos habrá paz en mi tiempo; revela que él sólo estaba dispuesto a cuidar de su pescuezo; el resultado: cuatro generaciones después de él todo el reino cayó. Hijos y nietos la pasaron sumamente mal.

Muchos reyes y personas que somos servidores públicos tenemos en nuestra mente un pensamiento de los reyes antiguos; ellos decían:

Servir al común, ningún.

Si, muchas veces cuando una persona decide arriesgarse y "jugárselas todas" su cabeza es la primera en rodar; entonces quebrantado piensa: no vale hacer ningún sacrificio por nadie, ni por los que están hoy, ni por los que vendrán; no tiene ningún beneficio servir a otros, que todo el mundo se friegue!

Pero no se olvide que hay un Dios que considera todas nuestras actitudes. Y la actitud de: Yo solo cuido mi pescuezo, es demasiado egoísta, al punto de enceguecernos y no ver, por lo menos, lo mínimo que deberíamos ver: El peligro.

Es irónico que quien se cuida tanto a sí mismo, no consiga darse cuenta del peligro que viene hacia él. Ezequías no vio el peligro que se aproximaba y cuando vino el enemigo; el mismo le abrió las puertas de par en par. Y es que quien no quiere sacrificar su pescuezo por su prójimo, acaba aliándose con aquellos que le "volarán la cabeza". Está tan encerrado en sí mismo que no distingue las segundas intenciones del enemigo que lo enceguece con presentes, no se da cuenta que en la lista de los que el enemigo "volará la cabeza" él es el próximo.

Quien no vive para servir, no sirve para vivir.

Que actitudes mías hoy están contribuyendo o destruyendo el futuro de los demás?
Hasta que punto estoy dispuesto a sacrificar mi "pescuezo" por el bien de otros?
Mis actitudes, pensamientos y hechos de hoy servirán para el bien de mis hijos y nietos mañana?

Mientras este con vida hoy, aún hay tiempo de hacer algo que redunde en grande beneficio para los que viven a su alrededor y para los que vendrán después de usted.

Dios le bendiga y le de fuerzas, sabiduría y amor para no rendirse por aquellos a quienes ama y sirve.

Leamos hoy Isaías 38

Leamos hoy

Isaías 38

En el ocaso de la vida


En aquellos días Ezequías enfermó de muerte. Y vino a él el profeta Isaías hijo de Amoz, y le dijo: Jehová dice así: Ordena tu casa, porque morirás, y no vivirás. Is. 38:1
Que harías si te dijeran que que te queda un corto tiempo de vida?

Creo que el mejor consejo fue el del Señor: ordena tu casa.

Sin embargo, el aviso para Ezequías no llegó en el momento más anhelado por el.

Cómo nos encontrará aquella hora? Creo que hay tres situaciones en la que podríamos estar:

En estado de postración



Postración es lo opuesto a prosperidad;

Es el miedo de que al morir, yo descubra que nunca viví.

Postrado, es cómo se encuentra alguien que tal vez, hasta continúe viviendo, trabajando y produciendo, más perdió el sentido y el significado de la vida

Mas, podríamos preguntarnos, cómo pudo acontecer eso con Ezequías, si el vio tan grandes milagros de Dios?

Es, tal vez, la fragilidad del ser humano en esta vida. que aún teniendo un gran Dios; estamos expuestos todo el tiempo a la tentación de dudar de su amor y poder.

Atrasado

Alguna vez llegó tarde a algún compromiso?

Lo cierto es que lo primero que la persona piensa es y ahora qué cara pongo? o que argumento me invento?

Muchos prefieren no llegar tarde para no estar mirando la "cara de nadie"

Todo en esta vida tiene su tiempo; hay tiempo de nacer y hay tiempo de morir.

Ezequías había pedido una prueba a Dios, una muy difícil (como si Dios no se la hubiese dado ya) entonces pidió que el sol volviese atrás. y efectivamente el sol retrocedió diez grados

"He aquí yo haré volver la sombra por los grados que ha descendido con el sol, en el reloj de Acaz, diez grados atrás. Y volvió el sol diez grados atrás, por los cuales había ya descendido." Is 38:8

Por lo general quien está atrasado siempre quiere que el tiempo vuelva atrás.

Por qué está usted atrasado?

Generalmente una persona se atrasa porque se dedicó a otras cosas, se sobrecargo de tareas innecesarias y no realizó el deber que debía haber cumplido; por lo general oímos decir es que, no tenía tiempo!

Y la verdad, muchos estamos atrasados en nuestro relacionamiento con Dios, atrasados en sobremanera en nuestro compromiso con Dios.

Muchos buscan a Dios a las 11:00, pero la muerte viene a buscarlos a las 10:30

Demasiado Ocupados

Alguien dijo:

A mi no me preocupa la muerte, porque estoy demasiado ocupado viviendo.

Demasiado Joven, Para Creer En Dios

¡Cuando Tendras Tiempo para Dios 

Demasiado entretenido para pensar en Dios
temprano 

Demasiado divertido para escuchar a Dios

vida 

Demasiado Afanado Para Dedicarse a Dios

Dios 

Demasiado ocupado para atender a Dios

joven 

Demasiado preocupado para atender a Dios



Demasiado Cansado Para Orar a Dios 

Demasiado Viejo Para Convertirse a Dios


Demasiado Viejo Enfermo Para Confiar a Dios

vida 

Demasiado tarde para cofiar en Dios 





Sin embargo ya sea que estemos en estado de postración, atrasados en nuestro compromiso con Dios o estemos demasiado ocupados con los afanes de esta vida:

Es 10 veces mejor dejar que el sol de la vida siga su curso y llegue a su final, que retrasar el plan de Dios y aumentar el sufrimiento.

No es anormal el temor a la muerte; lo que está mal es rechazar al autor de la vida y tal vez solo nos damos cuenta de ello en el ocaso de nuestra vida; pero el tiempo no vuelve atrás.

Entonces qué debo hacer?

1. Vive en Cristo

"Porque para mí el vivir es Cristo, y el morir es ganancia." Fil 1:21

“Vive en Cristo, vive en Cristo, y la carne no temerá a la muerte.” John Knox

2. Busca a Dios ahora, mañana puede ser tarde

"Buscad a a Jehova mientras pueda se Hallado; llamadle en tanto esta cercano" Is 55:6

"En Tiempo Aceptable te e oído, y en día de salvación te he Socorrido, He aquí Ahora el Tiempo Aceptable; He Aquí Ahora el día de salvación" 2 Cor 6:2

"A los cielos y a la tierra llamo por testigos hoy contra vosotros, que os he puesto delante la viday la muerte, la bendición y la maldición; escoge, pues, la vida, para que vivas tú y tu descendencia"
Dt 30:19

"El que cree en el Hijo tiene vida eterna; pero el que rehúsa creer en el Hijo no verá la vida, sino que la ira de Dios está sobre él." Jn 3:36

Viviremos una vida sin sentido, para sólo darnos cuenta al final que todo fue en vano?
Frente a la muerte, procuraremos volver el tiempo atrás para hacer todo aquello que no hicimos y que debíamos hacer?
Seguiremos tan ocupados para las cosas de Dios, para buscarlo en oración, en su palabra y en su iglesia?

Amigo, es hoy que tienes la oportunidad de poner en orden tu vida, tu hogar, tu familia, tus relaciones, mañana tal vez sea tarde. Si hoy su vida está al borde por alguna enfermedad haga de la enfrmedad una oportunidad para entregar su vida al Señor. El puede curar o salvar; lo más importante es estar en las manos de ÉL

Escogerás hoy entregar tu vida a Dios y vivir para Cristo?




miércoles, 2 de abril de 2014

Leamos hoy Isaías 37

Leamos hoy


Isaías 37

Una solución para 185.000 problemas. 

"Ahora pues, Jehová Dios nuestro, líbranos de su mano, para que todos los reinos de la tierra conozcan que sólo tú eres Jehová."


Cuántos problemas tiene usted?

Cuántos problemas tiene el mundo?

Tal vez, escuchó hablar de aquel concurso que prometía un gran premio para quien definiese cuál era el mayor problema del mundo.

Las respuestas no se hicieron esperar y muchos apuntaban a la violencia, la corrupción, la inseguridad, la desigualdad, las guerras, el hambre, las enfermedades, etc.

Sabe cuál fue la respuesta ganadora?

Fue una muy sencilla que decía así: EL MAYOR PROBLEMA DEL MUNDO SOY YO

Ezequías así lo había entendido y en el mundo convulsionado y amenazante que vivía lo primero que hizo fue procurar una reforma en su corazón y en el corazón de las personas:

"El quitó los lugares altos, y quebró las imágenes, y cortó los símbolos de Asera, e hizo pedazos la serpiente de bronce que había hecho Moisés, porque hasta entonces le quemaban incienso los hijos de Israel; y la llamó Nehustán.
En Jehová Dios de Israel puso su esperanza; ni después ni antes de él hubo otro como él entre todos los reyes de Judá."
2 Ry. 18:4,5

Tal vez, aunque no se haya dado cuenta, la moda es un gran problema. Porque ella nos impulsa a tener  y procurar muchas cosas que ni siquiera precisamos. Por ejemplo, Usted tiene un buen celular; pero ahora quiere y "siente" que "necesita" otro mejor y más nuevo, que tiene más detalles que sobresalen y le darán un "status". La moda hace pensar al ser humano que no puede vivir si no tiene esto o aquello; y las personas llegan a hacer de todo con tal de lograr estar a la moda.

Sin embargo, el ser hombre no sabe que Dios es todo lo que necesita, hasta que Dios es todo lo que tiene.

En el caso de Ezequías la moda era tener un buen ejército, pues eso daba "status" a una nación.

Con ese parámetro, Asiria era catalogada la número 1 por su gran y poderoso Ejército. Era incomparable.
Fue por ello que Senaquerib se auto proclamó 

"el gran rey, el poderoso rey, rey del universo, rey de Asiria" (2 CBA, 950).

Sin embargo, La Biblia menciona que Ezequías puso su esperanza en Dios y no en el poderío militar como lo hacían las naciones circunvecinas.

Las personas buscamos siempre algo en que apoyarnos.

"He aquí que confías en este báculo de caña frágil, en Egipto, en el cual si alguien se apoyare, se le entrará por la mano, y la atravesará. Tal es Faraón rey de Egipto para con todos los que en él confían." Is 36:5

Sin Dios; dinero, poder y personas son una caña frágil, en el cual si alguna persona se apoyare, se le entrará por la mano, y la atravesará.

Tener educación, dinero, bienes y fama es bueno; pero si no está Dios todo se vuelve NADA. Y si una persona no tiene educación, dinero, bienes y fama pero tiene a Dios, lo tiene TODO.

La educación nos forma, la cultura nos informa pero solo Cristo nos trasforma!


Cuando el débil se hace fuerte

En cuanto Senaquerib corría atrás del "Status", Ezequías corrió atrás de agradar a Dios,

Y lo hizo a través de la oración. Un ejército vs una Oración.

Tal vez oyó hablar de John Knox, el gran reformador escocés, que decía:

"Dios dame Escocia, si no me muero."

Ciertamente, era un hombre de oración. Por ello, no es maravilla, entonces, que Maria Reina de Escocia exclamase diciendo:

"Temo a las oraciones de Juan Knox más que a los ejércitos de Inglaterra."

"Ezequías intercedió: “Jehová Dios de Israel, que habitas entre los querubines, tú solo eres Dios de todos los reinos de la tierra; tú hiciste el cielo y la tierra. Inclina, oh Jehová, tu oído, y oye; abre, oh Jehová, tus ojos, y mira: y oye las palabras de Senaquerib, que ha enviado a blasfemar al Dios viviente. Es verdad, oh Jehová, que los reyes de Asiría han destruido las gentes y sus tierras; y que pusieron en el fuego a sus dioses, por cuanto ellos no eran dioses, sino obra de manos de hombres, madera o piedra, y así los destruyeron. Ahora pues, oh Jehová Dios nuestro, sálvanos, te suplico, de su mano, para que sepan todos los reinos de la tierra que tú solo, Jehová, eres Dios”. 2 Reyes 19:15-19...

La súplica de Ezequías en favor de Judá y del honor de su Gobernante supremo, armonizaba con el propósito de Dios. Salomón, en la oración que elevó al dedicar el templo había rogado al Señor que sostuviese la causa “de su pueblo Israel, cada cosa en su tiempo; a fin de que todos los pueblos de la tierra sepan que Jehová es Dios, y que no hay otro”. 1 Reyes 8:59, 60. Y el Señor iba a manifestar especialmente su favor cuando, en tiempos de guerra o de opresión por algún ejército, los príncipes de Israel entrasen en la casa de oración para rogar que se los librase. 1 Reyes 8:33, 34. No se dejó a Ezequías sin esperanza. Isaías le mandó palabra diciendo: “Así ha dicho Jehová, Dios de Israel: Lo que me rogaste acerca de Senaquerib rey de Asiria, he oído”." (Profetas y Reyes, 264, 265.)

Un hombre o mujer de oración es poderoso.

George Miller fue uno.

https://www.youtube.com/watch?v=awfFbBA5UgI

Es usted conocido por ser un hombre/mujer de oración?

Orar es llevar nuestros problemas a Dios, Fe es dejarlos allí.

Fue la oración que trasformó al cazador en presa.


"La virginal hija de Sión te desprecia y se burla de ti.
La hija de Jerusalén menea la cabeza al verte huir."
Is 37:22

El fin de la Arrogancia

El éxito a veces intoxica. Hace imaginar que la persona hizo algo mejor de como realmente fue hecho y que, es mayor de lo que realmente es.

Eso sucedió con Asiria y también sucede con nosotros hoy.

Senaquerib "el gran rey, el poderoso rey, rey del universo, rey de Asiria" recibió la respuesta de Dios

"Porque contra mí te airaste, y tu arrogancia ha subido a mis oídos; pondré, pues, mi garfio en tu nariz, y mi freno en tus labios, y te haré volver por el camino por donde viniste." Is. 37:29

"Esa misma noche se produjo la liberación. “Salió el ángel de Jehová, e hirió en el campo de los Asirios ciento ochenta y
cinco mil.” ver. 35. El ángel mató a “todo valiente y esforzado, y a los jefes y capitanes en el campo del rey de Asiria.” 2 Crónicas 32:21.


Pronto llegaron a Senaquerib, que estaba todavía guardando el camino de Judea a Egipto, las noticias referentes a ese terrible castigo del ejército que había sido enviado a tomar Jerusalén. Sobrecogido de temor, el rey asirio apresuró su partida, y “volvióse por tanto con vergüenza de rostro a su tierra.” Pero no iba a reinar mucho más tiempo. De acuerdo con la profecía que había sido pronunciada acerca de su fin repentino, fué asesinado por los de su propia casa, “y reinó en su lugar Esar-hadón su hijo.” Isaías 37:38.

El Dios de los hebreos había prevalecido contra el orgulloso asirio. El honor de Jehová había quedado vindicado en ojos de las naciones circundantes. En Jerusalén el corazón del pueblo se llenó de santo gozo. Sus fervorosas súplicas por liberación habían sido acompañadas de la confesión de sus pecados y de muchas lágrimas. En su gran necesidad, habían confiado plenamente en el poder de Dios para salvarlos, y él no los había abandonado. Repercutieron entonces en los atrios del templo cantos de solemne alabanza.

“Dios es conocido en Judá:
En Israel es grande su nombre.
Y en Salem está su tabernáculo,
Y su habitación en Sión.
Allí quebró las saetas del arco,
El escudo, y la espada, y tren de guerra.

“Ilustre eres tú; fuerte, más que los montes de caza
Los fuertes de corazón fueron despojados, durmieron su sueño;
Y nada hallaron en sus manos todos los varones fuertes.
A tu reprensión, oh Dios de Jacob,
El carro y el caballo fueron entorpecidos.

“Tú, terrible eres tú:
¿Y quién parará delante de ti, en comenzando tu ira?
Desde los cielos hiciste oir juicio;
La tierra tuvo temor y quedó suspensa,

Cuando te levantaste, oh Dios, al juicio,
Para salvar a todos los mansos de la tierra.

“Ciertamente la ira del hombre te acarreará alabanza:
Tú reprimirás el resto de las iras.
Prometed, y pagad a Jehová vuestro Dios:
Todos los que están alrededor de él traigan presentes al Terrible.
Cortará él el espíritu de los príncipes:
Terrible es a los reyes de la tierra.” (Sal. 76.)

El engrandecimiento y la caída del Imperio Asirio abundan en lecciones para las naciones modernas de esta tierra. La Inspiración ha comparado la gloria de Asiria en el apogeo de su prosperidad con un noble árbol del huerto de Dios, que superara todos los árboles de los alrededores.

“He aquí era el Asirio cedro en el Líbano, hermoso en ramas, y umbroso con sus ramos, y de grande altura, y su copa estaba entre densas ramas... A su sombra habitaban muchas gentes. Hízose, pues, hermoso en su grandeza con la extensión de sus ramas; porque su raíz estaba junto a muchas aguas. Los cedros no lo cubrieron en el huerto de Dios: las hayas no fueron semejantes a sus ramas, ni los castaños fueron semejantes a sus ramos: ningún árbol en el huerto de Dios fué semejante a él en su hermosura... Y todos los árboles de Edén, que estaban en el huerto de Dios, tuvieron de él envidia.” Ezequiel 31:3-9.

Pero los gobernantes de Asiria, en vez de emplear sus bendiciones extraordinarias para beneficio de la humanidad, llegaron a ser el azote de muchas tierras. Despiadados, sin consideración para Dios ni para sus semejantes, se dedicaron con terquedad a obligar a todas las naciones a reconocer la supremacía de los dioses de Nínive, a los cuales ensalzaban por sobre el Altísimo. Dios les había enviado a Jonás con un mensaje de amonestación, y durante un tiempo se humillaron delante de Jehová de los ejércitos, y procuraron su perdón. Pero pronto volvieron a adorar los ídolos y a tratar de conquistar el mundo." (Patriarcas y Profetas, 266)

Isaías = Dios Salva.

Este fue para siempre el recordatorio de la misericordia y el amor de Dios por su pueblo.

Dios salva

El Señor es Salvación!

"Y en ningún otro hay salvación; porque no hay otro nombre bajo el cielo, dado a los hombres, en que podamos ser salvos." Hch 4:12

Cristo tiene la solución para todos tus problemas, confía en él de todo corazón!

Dios te bendiga!