Rápida y veloz, incomprensible e imprevisible, la separación me privó de ti.
Vivo hoy el vacío de la ausencia, de la pérdida y la nostalgia de lo que un día fue.
¿A dónde te fuiste? ¿Cuándo te perdí?
No dio tiempo de pensar, ni menos aún de despedirse. ¿Cómo imaginar el abrazo con quién no pudiste decir adiós?
Lejos, con mí equipaje de recuerdos, cual migrante peregrino, exiliado de todo aquello que un día amé, me encuentro aislado en una espera que se prolonga de manera indeterminada y acompañado de una incertidumbre que nunca fue invitada.
El sol, la luna y las estrellas, todo el mundo sigue igual, pero algo ha cambiado en mí interior ¿Qué me falta?¿Qué me queda sin ti?
Con la miseria y el miedo en pugna por el dominio de mí ser, sigo adelante en procura de una esperanza que no pretende aparecer y con una resignación que me ha dado la espalda.
Tan sólo me da alcance, aquel mal del que tanto huía y ¿Qué hacer?¿Qué pensar?¿Qué sentir? Toda la imaginación no alcanza para decir cuánto te necesito para existir.
Extraño, absurdo, sin significado y sin sentido: vivir para sufrir, crecer para perder y nacer para morir. Morir en la desilusión. ¿Tenía que ser así?
¿Era este el lugar?
¿Era está la hora que me tocaba vivir?
Lo inimaginable sucedió.Toda vestigio de vida se perdió, todo el sueño de una generación como un soplo desapareció. Y aunque no existe más historia, no me permito el olvido.
Separación inaceptable. Muchos cuidados había ignorado y por eso, con alta voz, las sirenas la han anunciado; y hoy, sin pensarlo dos veces, a mí puerta ha llegado.
No te veré, porque de mí te han arrebatado; y al separarte de mí lado, muy poco de mí ha quedado. Así, voy a tu encuentro porque, aunque sin fuerzas, te llevo dentro.
En la mirada apenas un deseo: Que tu rostro, pueda ver, Dios mío. Y mí corazón errante, con el inmenso vacío, se llena de gratitud al ver que has tomado tu maleta y has decidido emprender viaje conmigo.
En esta jornada tan dolorosa; hoy sé que en verdad, eres tú mí gran amigo; y no temeré la muerte, ni el porvenir, porque por la eternidad, a tu lado podré vivir.
Y mientras voy, escucho los pasos con que te aproximas. Porque está separación ya no puede más. La demora me duele y el alejamiento me deja sin vida.
Así, hoy más que nunca sé que estar junto a ti es mí destino.
Nunca más separados. Nunca más tristes. Nunca más distantes. Nunca más ausentes.
He aquí tu vienes, he aquí estás presente. Tú nunca me faltas. Por eso, Heme aqui, te espero por siempre.
Amén. Sí ven Señor Jesús.
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