Salmos 137
Cuando la inspiración se acaba
"El salmo 137 es llamado muy acertadamente, "El canto del cautivo" porque describe la suerte de los israelitas en su destierro. Sus trovadores guardan silencio, mientras sus amos se burlan de ellos pidiéndoles que afinen sus arpas y canten uno de los cánticos de Sión. Pero los cautivos están apesadumbrados. El tono quejumbroso de este salmo mueve siempre al lector a sentir compasión por los cautivos afligidos y desanimados" (3CBA: 935)
Lejos de casa Recuerdos, nostalgia, tristeza, soledad, dolor, indignidad, lágrimas, silencio, calamidad son solo unas cuantas palabras que llevan a pensar la hora en que una persona está lejos de casa.
El panorama era desolador, la inspiración se había acabado. Estaban lejos de toda esperanza
El niño quemado Hace ya algún tiempo, una maestra pública fue contratada para visitar a niños internados en un gran hospital de la ciudad de México. Su tarea era guiarlos en sus deberes a fin de que no estuvieran muy atrasados cuando pudieran volver a clases. Un día, esta maestra recibió una llamada de rutina pidiéndole que visitara a un niño en particular. Tomó el nombre del niño, el del hospital y el número de la habitación, y la maestra del otro lado de la línea le dijo: -Ahora estamos estudiando sustantivos y adverbios en clase. Le agradecería si lo ayudara con sus deberes, así no se atrasa respecto de los demás. Hasta que la maestra no llegó a la habitación del niño no se dio cuenta de que se hallaba ubicada en la unidad de quemados del hospital. Nadie la había preparado para lo que estaba a punto de descubrir del otro lado de la puerta. Antes de que le permitieran entrar, tuvo que ponerse un delantal y una gorra esterilizada por la posibilidad de infección. Le dijeron que no tocara el niño ni la cama. Podía mantenerse cerca pero debía hablar a través de la máscara que estaba obligada a usar. Cuando por fin terminó de lavarse y se vistió con las ropas prescriptas, respiró hondo y entró en la habitación. El chiquito, horriblemente quemado, sufría mucho. La maestra se sintió incómoda y no sabía qué decir, pero había llegado demasiado lejos como para darse la vuelta e irse. Por fin pudo tartamudear: -Soy la maestra del hospital y tu maestra me mandó para que te ayudara con los sustantivos y los adverbios. Después, le pareció que no fue una de sus mejores sesiones. A la mañana siguiente, cuando volvió, una de las enfermeras de la unidad de quemados le preguntó: -¿Qué le hizo a ese chico? Antes de que pudiera terminar una lista de disculpas, la enfermera la interrumpió diciendo: -No me entiende. Estábamos muy preocupados por él, pero desde que vino usted ayer toda su actitud cambió. Está luchando y ahora responde al tratamiento... Es como si hubiera decidido vivir. El propio niño le explicó luego de algún tiempo, que había abandonado completamente la esperanza y sentía que iba a morir, hasta que vio a esa maestra especial. Todo había cambiado cuando se dio cuenta de algo. Con lágrimas de felicidad en los ojos, el chiquito tan gravemente quemado que había dejado de lado toda esperanza, lo expresó así: -No le habrían enviado una maestra para trabajar con los sustantivos y los adverbios a un chico agonizante, ¿no le parece? Tal vez puedan no haber motivos, mas Dios no nos ha abandonado y hará las cosas a su debido tiempo! |
No hay comentarios:
Publicar un comentario