martes, 15 de abril de 2014

Leamos hoy Isaías 53

Leamos hoy


Isaías 53



Él herido fue por nuestras rebeliones, molido por nuestros pecados; el castigo de nuestra
paz fue sobre él, y por su llaga fuimos nosotros curados” (Isaías 53:5).

Como el loco, Jesús fue torturado y atormentado por legiones de ángeles malos. Fue separado de los humanos y de Dios para que pudiera restaurar nuestra relación con nuestro Señor y nuestro prójimo. Las
manos y los pies del endemoniado estaban llenas de cicatrices causadas por aquellos que trataron de confinarlo, así como las manos y los pies de Jesús fueron heridos por aquellos que lo sujetaron a la cruz.

Podríamos ir más lejos. Así como los cerdos inmundos rodeaban al endemoniado, hubo perros que rodearon a Jesús. “Porque perros me han rodeado; me ha cercado cuadrilla de malignos; horadaron mis manos y mis pies” (Sal 22:16). “Algunos comenzaron a escupirle” (Mr 14:65). Cubierto de sangre y esputos, Jesús llegó a estar sucio.

Y así como el endemoniado vivía junto a un camposanto, también Jesús fue crucificado cerca de un cementerio. “En el lugar donde había sido crucificado, había un huerto, y en el huerto un sepulcro nuevo, en el cual aún no había sido puesto ninguno” (Jn 19:41).

Jesús tomó nuestra debilidad para que pudiéramos tener su fuerza. Fue separado de Dios y de los seres humanos para que nosotros pudiéramos ser unidos a ellos. Tomó la humillación que nosotros merecemos y nos ofreció su gloria.
“Cristo fue tratado como nosotros merecemos a fin de que nosotros pudiésemos ser tratados como él merece. Fue condenado por nuestros pecados, en los que no había participado, a fin de que nosotros pudiésemos ser justificados por su justicia, en la cual no habíamos participado. Él sufrió la muerte nuestra, a fin de que pudiésemos recibir la vida suya.

‘Por su llaga fuimos nosotros curados’”.
Cuando Jesús salvó y liberó al endemoniado de su miserable condición, en efecto estaba diciendo: “Pronto tomaré tu miseria sobre mí”

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