martes, 18 de julio de 2017

Consumo, luego existo - Un Dios que envía

"Porque aunque predico el evangelio, no tengo de qué gloriarme porque me es impuesta necesidad; y ¡ay de mí si no predico el evangelio!" 1 Corintios 9:16.

Pienso, luego existo. - Decía Descartes.
Parafraseando lo que él decía, diríamos hoy:
"CONSUMO, LUEGO EXISTO."

Significa que para SER alguien, hoy en día, primero debemos consumir. 
Usar tarjetas de crédito, comprar la última tecnología, el ultimo aplicativo o el último software.

Más la tecnología, de cierto modo, ha perdido ese aspecto ferviente en muchas personas; y para tener esos picos de satisfacción muchas personas se auto infligen dolor, por medio de tatuajes, perforaciones, mutilaciones, etc.

El problema del consumo ataca frontalmente a las familias, rompiendo los escudos que resguardaban la permanencia de las familias. 
La ansiedad de consumo demuestra tan solo que existe una carencia de sentido y la necesidad de un ancla emocional.

Los estantes de libros de autoayuda siempre están llenos; incluso Biblias diferentes han surgido con todo tipo de énfasis (Biblia del nerd, del surfista, doradas y con distintos colores).

Todos sentimos el peso del comercio.
La televisión vende publicidad, productos y hasta cultos religiosos. Vivimos en un mundo líquido que se mueve de acuerdo a las conveniencias del dinero.

El hombre come y a los 3 minutos, vuelve a tener hambre porque los productos están hechos para un poco de tiempo.

El internet tiene gran ventaja en esta situación; así también Netflix y la tv cable. Con seguridad, cuando llega el fin de semana y la persona está lista para ver la maratón de su serie favorita; de repente se corta la luz; la persona no buscará una Biblia o un libro para encontrar sentido. El ser humano vive rodeado de cosas y personas, pero se siente solo e infeliz.
Solo por un ejemplo, tenemos 2000 amigos en el Facebook, más no tenemos ni siquiera 2 amigos reales.

En síntesis, vivimos en una era de vacío; un vacío que, el consumo viene para llenar.

Tal vez, eso mismo demuestra que no fuimos hechos para este mundo. Queremos algo más. Ciertamente, fue Dios quien colocó ese deseo en el corazón del hombre. El deseo de la eternidad:

"El ha hecho todo apropiado a su tiempo. También ha puesto la eternidad en sus corazones, sin embargo el hombre no descubre la obra que Dios ha hecho desde el principio hasta el fin." Eclesiastés 3:11.

Jesús entendía ese vacío, cuando fue a Samaria y entabló un diálogo con una mujer que por mucho tiempo estaba buscando un sentido para su vida:

"Respondió Jesús y le dijo: Cualquiera que bebiere de esta agua, volverá a tener sed; mas el que bebiere del agua que yo le daré, no tendrá sed jamás; sino que el agua que yo le daré será en él una fuente de agua que salte para vida eterna. La mujer le dijo: Señor, dame esa agua, para que no tenga yo sed, ni venga aquí a sacarla. Jesús le dijo: Ve, llama a tu marido, y ven acá. Respondió la mujer y dijo: No tengo marido. Jesús le dijo: Bien has dicho: No tengo marido; porque cinco maridos has tenido, y el que ahora tienes no es tu marido; esto has dicho con verdad." Juan 4:13-18.

Como Blas Pascal lo entendía:
"En el corazón de todo hombre existe un vacío que tiene la forma de Dios. Este vacío no puede ser llenado por ninguna cosa creada. Él puede ser llenado únicamente por Dios, hecho conocido mediante Cristo Jesús."

Comentando sobre este caso, Elena White dice:
"Esta mujer representa la obra de una fe práctica en Cristo. Cada verdadero discípulo nace en el reino de Dios como misionero. El que bebe del agua viva, llega a ser una fuente de vida. El que recibe, llega a ser un dador. La gracia de Cristo en el alma, es como un manantial en el desierto, cuyas aguas surgen para refrescar a todos, y hace a los que están por perecer, ávidos de beber el agua de la vida. (DTG, 162)

Viviendo en un mundo que dice que: "Hoy nada fue hecho para durar" y que busca un sentido para su vida en lo espiritual.

En otras palabras, las personas están sedientas del agua de vida; pretenden llenarla con cosas, personas o placeres, más solo Dios puede llenar nuestro corazón.

En Cristo tendremos paz y seguridad y el gozo de su salvación nos llevará a compartir con otros esa esperanza viva.

"Como el Padre me ha enviado, así también yo os envío" Juan 20:21

El Dios que nos envía busca personas que le adoren en espíritu y en verdad.
Personas que quieran tornarse fuente y manantial de vida. Personas que como la mujer samaritana entiendan que lo que más llena la vida es amar a Dios y que mayor aún que, la necesidad de alimento o la necesidad de agua, es la necesidad de servir al Señor. 
El Apóstol Pablo entendía de buen grado esta transformación: Compartir la esperanza era una intensa necesidad. ¡Ay de mí si no predicó el evangelio! - decía él. 
En en otras palabras: PREDICO, SIRVO; LUEGO EXISTO 

¿Cansado de beber de las fuentes vacías de esta vida?
Sirva a Dios, predique el evangelio a sus amigos; sea un discípulo y usted será feliz. Si lo hace, con toda seguridad, su vida será transformada por la Hiper abundante gracia de Jesús.




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