lunes, 17 de julio de 2017

El Hijo Pródigo y la Religión Contemporánea - Un Dios que envía

"No muchos días después, juntándolo todo el hijo menor, se fue lejos a una provincia apartada; y allí desperdició sus bienes viviendo perdidamente" Lucas 15:13.

"Si Dios existe, el hombre nunca será libre" - decía Jean Paul Sartre.

Así pensaba la modernidad que decidió salir de la casa del Padre hacia un mundo de supuesta libertad y prosperidad. Como antaño ya estaba escrito:

"Porque desde hace tiempo rompí tu yugo y arranqué tus coyundas; pero dijiste: No serviré..." Jeremías 2:20.

El aparente valor y arrojo llevaban a pensar que, la pereza y la cobardia, eran consideradas las causas por las que las personas aceptaban que otro tutelase sus vidas.

Decía la joven sociedad: "Dios no existe, alégrate, Aleluya. No hay más cielo, ni infierno, solo la tierra"
Olvídate de la moral y la ética; disfruta y vive la vida porque solo tenemos esto."

El nuevo hombre se cree Señor de sí mismo. El yo es su Dios y toma posesión de todo lo que pertenecía a Dios.

La modernidad radical hizo surgir una nueva trinidad: El yo en lugar del Omnipotente; la razón en lugar del Verbo y el poder en lugar del Espíritu Santo.

El hombre es el Dios del hombre.

Por fin, el hombre, tendría autonomía de su Padre y de sus palabras.

Sin embargo, el hombre moderno encontró 2 guerras mundiales y terminó embarrado en la porqueria del alcohol, el sexo y las drogas. Insaciable en sus ansias hedonistas se convirtió en un hombre masa: Hecho y diseñado tan solo, para satisfacer los placeres y necesidades de su cuerpo.

El sentido de lo sagrado fue sustituido por el espiritualismo; una profunda experiencia con Dios, a través de la comunión, fue trocada por una liviana experiencia sentimental que lo infantiliza y acaba negando su deber para con Dios y su semejante.

Pensaba el hombre que era un ser iluminado; pero su realidad es triste.
Dominado por el espíritu de su época (Zeitgueist) El hombre es libre; más no es feliz.

Habiendo vivido a su manera, el hombre, se jactaba de su libertad y trató de aprovecharla al máximo; tan solo para que luego, arrepentido, viniese a darse cuenta: ¡Nunca debería haber salido de casa! Perdió el sentido de vivir y su independencia que parecía libertad se tornó una pesadilla.

Dios y sus límites eran indeseables y frustrantes. Como decía San Agustin:
"Nadie niega a Dios; sino aquel a quien le conviene que Dios no exista." 

Cayendo en crisis el hombre moderno y posmoderno comenzó su retorno en busca de sentido; y sin saberlo cayó en la miseria del consumismo como Giorgio Agambem nota en su artículo "Dios no murió el se convirtió en dinero." 

"El capitalismo es una religión y es la más feroz, implacable e irracional religión que jamás existió, porque no conoce ni tregua ni redención. Ella celebra un culto ininterrumpido cuya liturgia es el trabajo y cuyo objeto es el dinero."

En este mundo secular dominado por el consumismo que nos arroja al vacío, precisamos reconocer que el salmo del buen pastor que promete que nada faltará; también viene acompañado del cayado que nos dará una dirección y que ambas (promesa y dirección) buscan mostrarnos que Dios no está distante, ni se esconde; pese a que nosotros que huimos de Él. 

Precisamos reconocer que el conocimiento y la filosofía humana son importantes; pero nunca serán mayores que la guía y la dirección divinas que encontramos en las Palabras del Padre. 

El hombre contemporáneo tiene una grande necesidad de retornar.
Precisa volver a la Biblia; precisa volver al Espíritu de Profecía; precisa volver a ese espíritu de verdadera reverencia. Por la fe, el milagro de retornar es posible porque un Dios Todopoderoso existe 

El hombre pos moderno precisa volver al lugar de su identidad, al lugar que le da sentido; precisa volver a casa; Precisa tener un reencuentro con el sentido de vivir, precisa encontrarse con el PADRE.

Entonces ¿Ahora qué haremos con las prostitutas, los tatuados, los perforados que decidieron volver al Padre; aquellos que vuelven procurando salir del hedor de inmundicia y fango de este mundo?

El Dios que nos envía nos da la oportunidad de recibirlos siguiendo el modelo del Espíritu Santo; de tratar mejor y presentar la belleza del mensaje del amor del Padre Celestial. 
Presentar aquel evangelio viejo y eterno que nunca perdió su encanto ni su capacidad de satisfacer las ansias más altas y profundas del ser humano. 
Que Dios nos ama y es nuestro privilegio amarle, servirle y obedecerle y que no existe mayor dicha, placer y alegría que el conocerle. 
Por su gracia, escribamos una nueva historia de reconciliación y bondad.

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