"Jesús es el supremo ejemplo de contextualización. En la encarnación, Jesús dejó un modelo para los misioneros. Él renunció ser igual a Dios y se identificó con la humanidad en un acto de suprema humildad." (Francis Nicholls, 51)
Precisamos reflexionar antes de querer dar el evangelio. Querer evangelizar, sin importarse por la persona, su ser, sus sentimientos y su pensamiento solo tendrá resultados superficiales.
Para que el evangelio tenga efecto en la vida de las personas precisamos desarrollar un ministerio Encarnacional. Este es un aspecto decisivo a la hora de cumplir la misión.
Debemos preguntarnos:
¿Hay algún vínculo entre esa persona y yo?
¿Qué tipo de relación existe entre mi persona y la persona que está frente a mí?
Más también, debemos preguntarnos acerca de la persona.
¿Si me envuelvo con esta persona que ocurrirá?
¿Si no me envuelvo qué podría suceder?
Al envolverme con esta persona: ¿Me envuelvo solo con ella? ¿Cuántas personas más estarán envueltas en este abordaje? ¿Su familia? ¿Su amigos? ¿La situación? ¿Me envuelvo con su historia?
¿Hasta dónde quiero o estoy dispuesto a envolverme? ¿Entendiendo la situación, hasta dónde quiero comprometerme contigo?
Parecen muchas preguntas pero imaginemos a Jesús.
Él hace una pregunta en voz alta en el día más decisivo de su ministerio, el tercer día.
Aquí se vería si su ministerio se desenvolvería o no.
Su primer milagro no fue en una sinagoga; o en un debate religioso.
Su primer milagro fue en un casamiento.
Pensemos:
Si falto el vino ¿Quiénes eran los encargados? Puesto que Jesús podía decir:
- Eso asunto no me compete; yo tan solo soy un invitado.
Luego dice: ¿Qué tengo yo contigo, mujer?
Permitame preguntarle a usted varón que tiene una esposa:
¿Qué tiene usted que ver con su esposa? ¿Qué tiene usted que ver con el sexo femenino?
¿Usted tiene algo que ver con la cocina?
¿Tiene usted algo que ver con el lavado de ropas?
¿Tiene algo que ver con la educación de sus hijos?
Muchos dicen: Eso no es mi parte; yo no tengo nada que ver.
Entonces entienda:
Jesús, era un invitado solamente; el no tenía nada que ver (aparentemente), porque si avanzamos usted se dará cuenta que sí tenía mucho que ver en esta situación.
Hagamos las preguntas en sentido negativo:
¿Si Jesús no intervenía qué pasaría con esa pareja de recién casados? ¿Estarían sometidos a la vergüenza y quedaría registrado para siempre el amargo recuerdo de ese día?
¿Qué pasaría con las familias que planificaron, más no consiguieron prever esta situación? ¿Habría disgustos, fricciones o incluso, peleas?
¿Cuál era la historia de esta pareja; tal vez eran de origen humilde, de escasos recursos; tal vez fue muy difícil para ellos llegar hasta este día y tan solo querían conmemorar con sus familias teniendo la satisfacción de alegrarse juntos?
Tenga en cuenta el lugar donde estamos: Caná de Galilea.
El peor lugar para vivir era Galilea y Caná era una zona mucho más marginal que Galilea misma. Quiere decir que la gente era pobre, muy pobre.
¿Vio lo que sucede cuando comenzamos a reflexionar?
Aquella indiferencia comienza a desaparecer porque comprendemos mejor a esa persona; entendemos con mejor y mayor profundidad su necesidad y desarrollamos la sensibilidad necesaria para aproximarnos de ellos.
Volviendo a aplicarlo en el hogar podríamos volcar las preguntas:
La cocina, la lavandería, la educación de los hijos; eso es cosa de mi mujer. Más preguntémonos:
- ¿Si no me importó o interesó por la cocina qué podría pasar? (Cuchillos motosos; ollas viejas, comida quemada, accidentes, disgustos, etc)
- ¿Si no me importó con la lavandería qué puede pasar? (Precisar una ropa y no tenerla lista a tiempo; las ropas perdiendo su color, etc)
- ¿Si no me importó o interesó por las tareas de mis hijos que puede ocurrir? (Malas notas, mal comportamiento, deserción escolar, malas amistades, etc)
Volquemos la moneda ahora:
Más
- ¿Qué ocurriría si me importó con la cocina? (Mi esposa estará feliz, mis hijos sonreirán al verme ayudar, mi hogar tendrá un clima diferente, la hora de almorzar juntos en la mesa será mejor, etc)
- ¿Qué pasará si me importo con el lavado de ropas? (Mis ropas durarán más, tendré menos gasto y más ahorro, no sufriré cuando mi esposa salga de viaje, etc.)
- ¿Qué pasará si ayudo a mis hijos en su educación? (No tendré que ir a responder por llamadas de atención a la escuela; descubriré lo talentoso y creativo que es mi hijo, desarrollaré más paciencia y tendré mejor humor para él; mi hijo me lo agradecerá, etc)
Es fácil decir: Eso no me compete; yo tengo nada que ver con esa persona; no me importa, no me interesa; yo no tengo tiempo.
Pero, para quien desea cumplir la misión de predicar el evangelio la pregunta siempre será doble:
¿Qué tengo que ver yo contigo?
¿Por qué me debo importar contigo?
¿Qué ocurrirá si no me importó contigo?
¿Tú satisfacción y felicidad son importantes para mí?
No basta solo ver nuestra lado, debemos mirar la otra parte de la persona también.
Un ministerio Encarnacional es aquel que se importa, se interesa y tiene consideración por el otro hasta el punto de identificarse con sus sentimientos y necesidades.
Jesús no tenía nada que ver en esa fiesta; pero quería mostrar que Dios está interesado en la felicidad del ser humano. Y por ello mandó a llenar las tinajas de agua. La historia relata que fue el mejor vino de toda la historia; el mismo que probaremos en el cielo.
¿Cuál fue el resultado de este interés?
Días después Jesús volvió a Galilea y mucha gente comenzó a seguirle.
Jesús se hizo carne y habitó entre nosotros, la traducción correcta sería: acampó. No solo entró en nuestros zapatos; sino que se identificó como uno de nosotros.
Un indigente decía a un grupo de hermanos de la iglesia: Siempre vienen a repartirnos comida en tarrinas; pero a mí me gustan ustedes, porque ustedes se sientan conmigo y comen conmigo en mis cartones.
Para cumplir la misión debemos salir de la burbuja de nuestros propios intereses. Si es importante para el otro ¿Debiera serlo también para mí? ¿Quiero importarme con lo que a ti te importa hasta el punto que sientas satisfecha y feliz?
"Todos debemos llegar a ser testigos de Jesús. El poder social, santificado por la gracia de Cristo, debe ser aprovechado para ganar almas para el Salvador. Vea el mundo que no estamos egoístamente absortos en nuestros propios intereses, sino que deseamos que otros participen de nuestras bendiciones y privilegios. Dejémosle ver que nuestra religión no nos hace faltos de simpatía ni exigentes. Sirvan como Cristo sirvió, para beneficio de los hombres, todos aquellos que profesan haberle hallado." DTG 127.
Rompamos las cadenas de la alienación e indiferencia y quebrantemos este día el yugo del egoísmo y la ingratitud.
¿Estoy dispuesto a sacrificar mis intereses por la necesidad del otro?
Ama a tu tu prójimo como a ti mismo. Este es el camino que nos muestra el Dios que nos envía.
Este día sirvamos como Jesús lo haría. Que la gente vea a Cristo en nosotros.
Este día sirvamos como Jesús lo haría. Que la gente vea a Cristo en nosotros.
Seamos esa mano amiga; ese abrazo sincero, la respuesta amorosa, el amigo entusiasta. Seamos Jesús para las personas.
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