jueves, 20 de julio de 2017

La Sociedad del Espectáculo - Un Dios que envía

"Y cualquiera que se ensalce, será humillado, y cualquiera que se humille, será ensalzado." Mateo 23:12

Zigmunt Bauman afirma que, el hombre pos moderno no acepta súper héroes, sino, tan sólo, celebridades.

Ciertamente, vivimos en una sociedad donde predomina el espectáculo.

Siglos atrás, los griegos inventaron la comedia y la tragedia; es decir una de dos: o usted salía riendo, o salía llorando. Solo Sheakspeare agrega el drama siglos después.

Hoy por hoy, los espectáculos de la cultura mediática apuntan al consumo.

El hombre moderno se sienta frente a una pantalla mirando su serie favorita porque el espectáculo es una herramienta de pacificación y despolitizacion. 

La industria posibilitó la multiplicación de los espectáculos por medio de nuevos espacios (TV, Radio, Internet)

Focados en la estética; la cultura mediática promueve espectáculos tecnológicamente sofisticados y atrayentes para atender las expectativas del público y aumentar su poder y lucro.

Incluso la vida política-social es cada vez más moldeada por el espectáculo.

Espectáculos son aquellos fenómenos de la cultura mediática que retratan valores básicos de la sociedad contemporánea, determinan el comportamiento y dramatizan los conflictos y diferencias sociales.

Se buscan a cualquier precio los espectadores. Por eso hoy, no vemos un juego de fútbol, sino "el espectacular juego de fútbol." Y tanto hechos políticos, sociales, culturales como económicos siguen el mismo camino.

Así, conflictos sociales y políticos están presentes en la televisión, presentando casos sensacionalistas: asesinatos, actos terroristas, escándalos de corrupción y sexuales.
Las redes sociales se suman procurando hacer que la persona haga un espectáculo en busca de likes mostrando la  la mejor cara, el mejor cuerpo, la mejor ropa o la mejor comida.

El culto a la celebridad está también presente en la religión, procurando también alcanzar al individuo pos moderno. ¿Qué hacer entonces?

Sin embargo, por más que todos los actores envueltos lo deseen; debemos recordar que, un día, el espectáculo se acaba.

Frente a un individuo infeliz y depresivo precisamos sí, de una adaptación posible, que no escandalice a los hermanos que están dentro y que atraiga a los de afuera.

Debemos saber que se pueden adaptar formas pero no los contenidos. 

Y recordar que, Cristo no nos manda a desgastarnos organizando show tras show. Para no perdernos, sigamos el ejemplo del maestro quien cuando estaba más cercado por las luces y las multitudes, se dedicaba más a orar.

Sugiriendo un camino diferente al de las iglesias "espectaculares" y los predicadores "súper star", Eugene Peterson diría:

"Pastor es aquel que enseña a su iglesia a orar."

En un tiempo de espectáculo y celebridades, el Dios que nos envía nos insta, otra vez, a buscarlo con humildad de corazón:

"Pero tú, cuando ores, entra en tu aposento, y cuando hayas cerrado la puerta, ora a tu Padre que está en secreto, y tu Padre, que ve en lo secreto, te recompensará en público" Mateo 6:6.

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