domingo, 16 de julio de 2017

Misión Integral - Un Dios que envía

"Porque tuve hambre, y me disteis de comer; tuve sed, y me disteis de beber; fui forastero, y me recibisteis; estaba desnudo, y me vestisteis; enfermo, y me visitasteis; en la cárcel, y vinisteis a mí." Mateo 25:35,36.

El ser humano no es un ente tan solo espiritual y la misión no es tan solo pensar en el bienestar de una persona.

Dios sabe cuánto precisamos de ayuda económica, social, emocional, familiar, educativa, moral y espiritual.

Tal vez, el problema está en irse a un extremo pensando que los "pobres no podrán sin mí" como ciertos misioneros que fueron al África y luego de sacarse fotos con cientos de niños alrededor; sintiéndose deificados, aterrizaron a la velocidad de la luz cuando una niña les dijo:
- Bueno, ya se tomaron las fotos, ahora ¿Pueden irse?

O, está el otro extremo de pensar y decir:
- No es mi problema, que ellos se las arreglen; además ellos son así y nunca van a cambiar.

La Misión requiere humildad y paciencia .
Dar todo el evangelio, a la persona toda y a todas las personas, entendiendo cabalmente nuestros deberes y responsabilidades tanto con Dios, la Predicación Mundial del evangelio y la atención del necesitado.

Sin duda alguna, para un sano evangelismo debemos tener una sana comprensión acerca de la Mayordomia cristiana. Nuestro misión, no es solo local; sino, mundial. No debe ser pendular; que a cada nueva necesidad o tendencia la iglesia Corea de aquí para allá. Sino que, debe haber equilibrio, buen juicio, sana paciencia y gran sabiduría para hacer que los recursos y el tiempo alcancen para cubrir todos los frentes de trabajo.

Más para que ello se de, debemos ser conscientes en primer lugar que : Fuimos bendecidos para bendecir:

"Las contribuciones que se les exigían a los hebreos para fines religiosos y de caridad representaban por lo menos la cuarta parte de su renta o entradas.  Parecería que tan ingente leva de los recursos del pueblo hubiera de empobrecerlo; pero, muy al contrario, la fiel observancia de estos reglamentos era uno de los requisitos que se les imponía para tener prosperidad.  A condición de que le obedecieran, Dios les hizo esta promesa: “Increparé también por vosotros al devorador, y no os corromperá el fruto de la tierra; ni vuestra vid en el campo abortará. . . . Y todas las gentes os dirán bienaventurados; porque seréis tierra deseable, dice Jehová de los ejércitos." (PP, 566).

Quien habla de Misión Integral no puede tener un sistema congregacionalista del manejo de los díezmos y ofrendas.
Su distribución era entendida más o menos así:
10% Díezmo
10% Pactos y Ofrendas
5% Ayuda Social
TOTAL = 25 %

Eso es tan solo una sugerencia de la forma que podría distribuirse un cuarto de entradas para el cumplimiento de la misión.

Cometeríamos el mismo "error grosero", del tiempo de Salomón, de engrandecernos y enaltecernos a nosotros mismos; cuando los recursos que Dios nos dio, fueron dados para que, su luz alcance a brillar a todas las naciones. No somos, ni fuimos bendecidos para enaltecernos a nosotros mismos; sino que fuimos bendecidos para bendecir y enaltecer el nombre de Dios en toda la tierra.

“Unos pocos, de conciencia sensible, devolvían a Dios alrededor de la tercera parte de todos sus ingresos para beneficio de los intereses religiosos y para los pobres. Estas exigencias no se hacían a una clase particular de la gente, sino a todos, siendo lo requerido proporcional a la cantidad que se poseía” (1JT, 547).

Como vemos su presupuesto y plan de vida incluía el cuidado de los necesitados:

“Si los hombre cumplieran con su deber como mayordomos fieles de los bienes del Señor, no habría el clamor por pan, ni el sufrimiento por la miseria, ni la desnudez y la necesidad” (MB, 18).

Esta es la promesa para quien no se esconde de su semejante:

“Joven fui y he envejecido y no he visto justo desamparado...” Salmos 37: 25.

El ministerio local, el ministerio mundial y la misión transformadora deben ser motivados por el amor a Dios y el amor al prójimo. Nuestro deber con el cielo necesita ser acompañado poniendo los pies en la tierra.

Dios nos da el privilegio mayor de servirle hoy.

Decía la Madre Teresa de Calcuta:

"Al final de nuestras vidas, no seremos juzgados por cuantos diplomas hemos recibido, cuánto dinero hemos conseguido, o cuantas cosas grandes hemos hecho. Seremos juzgados por: Yo tuve hambre y me diste de comer, estuve desnudo y me vestiste, no tenía casa y me diste posada."

Dios nos ha llamado para ser bendición en este tiempo. Seamos hoy, agentes de transformación integral para este mundo.





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