viernes, 21 de julio de 2017

Ezequias - El Dios que nos envía

"El quitó los lugares altos, y quebró las imágenes, y cortó los símbolos de Asera, e hizo pedazos la serpiente de bronce que había hecho Moisés, porque hasta entonces le quemaban incienso los hijos de Israel; y la llamó Nehustán.
En Jehová Dios de Israel puso su esperanza; ni después ni antes de él hubo otro como él entre todos los reyes de Judá. 
Porque siguió a Jehová, y no se apartó de él, sino que guardó los mandamientos que Jehová prescribió a Moisés."
2 Reyes 18:4-6

El éxito es una cadena de decisiones.

En primer lugar, Ezequiel, decidió quitar todos los ídolos de su vida y de su pueblo.
Sin duda, un primer paso bien dado.

Como hijos de Dios con una misión, apartarnos del pecado y del mal será un paso decisivo e importante para el resto de nuestra historia.

En segundo lugar, puso su confianza y su esperanza en Dios.
La oración, la comunión y la dependencia de Dios no eran algo opcional en la vida de Ezequiel; sino, una necesidad vital.
Al igual que nuestros días, podía haber puesto su esperanza en las riquezas, el poder y capacidad humanas, o la autosuficiencia por ser el pueblo de Dios. Más, Ezequias, decidió tomar en serio el asunto de su relación con Dios.

En tercer lugar, Ezequias, decidió ser obediente a los mandamientos de Dios.

Veamos entonces ¿Cuál fue el resultado?

"Y Jehová estaba con él; y adondequiera que salía, prosperaba. El se rebeló contra el rey de Asiria, y no le sirvió" 2 Reyes 18:7

Así, "Es esencial que cada súbdito del reino de Dios sea obediente a la ley de Jehová, para que su gloria infinita pueda tener un establecimiento perfecto. Los profesos seguidores de Cristo son probados en esta vida para ver si serán o no obedientes a Dios. La obediencia dará como resultado la felicidad, y asegurará la recompensa de la vida eterna. – {SSJ 57.2}

El Dios que nos envía quiere bendecir su obra y prosperar el ministerio que llevamos adelante.

Apartémonos del mal, pongamos nuestra esperanza en el Señor y seamos obedientes a sus mandamientos. Luego veamos su grande poder obrando en el corazón de sus hijos y dando tremendas victorias a su pueblo.




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