miércoles, 5 de julio de 2017

La Salida - Un Dios que envia

"Y, expulsó al hombre, colocó querubines al Oriente del Jardín del Edén y una espada refulgente que giraba, para guardar el camino del árbol de la vida."

¡Créalo. Hay cosas más difíciles que salir de casa!

Adán y Eva lo iban a descubrir en su peregrinaje que comenzaba ahora al salir de su primer hogar.
La comodidad, la facilidad de las cosas, el sentimiento de seguridad; sin duda alguna, sufrirían grandes cambios.

Sin embargo, a pesar de las grandes dificultades, se convertirían en los primeros misioneros que buscarían evangelizar a sus hijos y a los hijos de sus hijos.

Dar a conocer al Dios que habían conocido; dar a saber que hay un Salvador que busca librarnos del enemigo; un Dios que sustenta y resguarda nuestras vidas, que precisamos ser leales y fieles a su voz y que, en breve, de uno de sus descendientes vendría la salvación para el mundo entero.
Que llegaría el día cuando el pecado sería eliminado y volverían a comer del árbol de la vida eterna:

"Entonces los que hayan guardado los mandamientos de Dios respirarán llenos de inmortal vigor bajo el árbol de la vida; y al través de las edades sin fin los habitantes de los mundos sin pecado contemplarán en aquel huerto de delicias un modelo de la perfecta obra de la creación de Dios, incólume de la maldición del pecado, una muestra de lo que toda la tierra habría llegado a ser si el hombre hubiera cumplido el glorioso plan de Dios. – (PP 41.4)

Aún si fueran grandes nuestras pérdidas, aún si fueran grandes nuestras decepciones; podemos confiar en el Dios que nos envía. Como dijo William Carey el padre de las misiones moderna, que fue en una barco de vela de Inglaterra a la India en 1793, expresa su experiencia:

"Cuando deje Inglaterra, mi esperanza de convertir toda la India era demasiado fuerte; sin embargo, delante de tantos obstáculos ella menguaría, si no hubiese recibido el sustento de Dios. Pues bien, Dios está conmigo y su Palabra es verdadera. Aunque las supersticiones de los paganos  fuesen mil veces más fuertes y el ejemplo de los europeos mil veces peor, aún delante del abandono y de la persecusión de mi fe, puesta en la seguridad de la Palabra, aún así, superaría los obstáculos y soportaría cada prueba. La causa de Dios triunfará." (The Puritan Hope, 140) 

No somos peregrinos sin propósito; somos misioneros con una misión.
Por eso mantenga viva la fe, la esperanza y el amor, pues los misioneros también esperamos ese día, cuándo el Dios que nos envía finalmente, nos llevará a casa.



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