miércoles, 5 de marzo de 2014

La cruz me salvó dos veces!

Se cuenta que un excelente nadador tenía la costumbre de correr hasta el agua y mojar solamente el dedo del pie antes de zambullir en la piscina.

Alguien, intrigado con aquel comportamiento le preguntó: Cuál era la razón de aquel hábito. El nadador sonrío y respondió: hace algunos años, cierta noche perdí el sueño y fui a la piscina para nadar un poco. No prendí la luz, pues la luna brillaba mucho.

Cuando ya estaba en el trampolín, vi mi sombra en la pared del frente. Con los brazos abiertos, mi sombra formaba una imagen de una magnífica cruz. En vez de saltar, quede allí parado, contemplando aquella imagen. En ese momento pensé en la cruz de Cristo y en su significado.

Yo no era cristiano, pero cuando era niño aprendí que Jesús había muerto para salvarnos. Me senté en el trampolín, mientras aquellas enseñanzas venían a mi mente. No se cuanto tiempo que quedé allí, pero al final estaba en paz con Dios.

Baje del trampolín y decidí solo tomar un pequeño baño; cuando, para mi asombro, descubrí que habían vaciado la piscina aquella tarde.

Aquella noche la cruz de Cristo me salvó por segunda vez!

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