viernes, 7 de marzo de 2014

Leamos hoy Isaías 11

Leamos hoy


Isaías 11


El vástago

Saldrá una vara del tronco de Isaí, y un vástago retoñará de sus raíces" Isaías 11: 1

"El capítulo anterior presenta un cuadro de castigo tanto para Asiria como para Judá. Los hermosos y florecientes árboles de Judá serían derribados por su iniquidad. Esta metáfora nos recuerda la lección que se encuentra en Dn 4:10-26; en donde Nabucodonosor y su reino son comparados con un árbol majestuoso que, por sentencia divina, es cortado y solo se deja su tronco. El Señor tenía grandes planes para la nación hebrea cuando fue establecida. Tenía el propósito de que fuera mensajera de luz y verdad para el mundo, y que su influencia benéfica aumentara hasta que abarcase la tierra. Pero por su desobediecnai la nación sería humillada y llevada en cautiverio...A pesar de todo esto, por medio de la descendencia de David se levantaría un rey que llevaría a cabo lo que David y sus sucerores en el trono de Judá no habían logrado hasta ese momento. Cuando la nación fuera cortada y no quedara mas que la cepa, de esas raíces aparentemente sin vida brotaría un retoño que crecería y florecería.

"En aquel tiempo el renuevo de Jehová
será para hermosura y gloria,
y el fruto del país para grandeza y honra,
a los sobrevivientes de Israel." Isaías 4:2

"Subirá cual renuevo delante de él,
como raíz de tierra seca.
No hay hermosura en él, ni esplendor;
lo veremos, mas sin atractivo alguno para que lo apreciemos." Is. 53:2


"Entonces uno de los ancianos me dijo: 
«No llores, porque el León de la tribu de Judá, la raíz de David, 
ha vencido para abrir el libro y desatar sus siete sellos.»"Ap 5:5

»Yo, Jesús, he enviado mi ángel 
para daros testimonio de estas cosas en las iglesias.
 Yo soy la raíz y el linaje de David, la estrella resplandeciente de la mañana.» Ap. 22:16


...Se convertiría en árbol de justicia, y finalmente llenaría toda la tierra impartiendo paz y alegría a toda la humanidad. El cuadro que aquí se presenta es el de la futura edad de oro, de gozo y esplendor, cuando toda la tierra se regocijará en la justicia y los enemigos de la rectitud y la paz serán completa y eternamente destruídos...La figura de JESÙS como el renuevo queda de este modo más claramente entendida. "4CBA, 199)

Pero aquel retoño se convirtió en tronco...

"Yo soy la vid, vosotros los pámpanos; el que permanece en mí y yo en él, éste lleva mucho fruto, porque separados de mí nada podéis hacer." Jn 15:5

Desde el día que Jesús murió en aquel madero, aquella cruz ha dado grandes retoños del amor de Dios, DIos nos promete que mientras dependamos de él, nuestra vida tendrá un grande propósito y será de gran bendición en este mundo.


Tres pequeños retoños que crecieron

Erase una vez, en la cumbre de una montaña, tres pequeños árboles amigos que soñaban en grande sobre lo que el futuro deparaba para ellos.

El primer arbolito miró hacia las estrellas y dijo: "Yo quiero guardar tesoros. Quiero estar repleto de oro y de piedras preciosas. Yo seré el cofre de tesoros mas hermoso del mundo".

El segundo arbolito observó el pequeño arroyo en sus camino hacia el mar y dijo: "Yo quiero viajar a través de mares inmensos y llevar conmigo a reyes poderosos. Yo seré el barco mas importante del mundo".

El tercer arbolito miró hacia el valle y vio a hombres agobiados de tantos infortunios, fruto de sus pecados y dijo: "Yo no quiero jamas dejar la cima de la montaña. Quiero crecer tan alto que cuando la gente del pueblo se detenga a mirarme, levanten su mirada al cielo y piensen en Dios. Yo seré el árbol mas alto del mundo".

Los años pasaron. Llovió, brilló el sol y los pequeños árboles se convirtieron en majestuosos cedros. Un día, tres leñadores subieron a la cumbre de la montaña. El primer leñador miró al primer árbol y dijo: "¡Qué árbol tan hermoso!", y con la arremetida de su hacha el primer árbol cayó. "Ahora me deberán convertir en un cofre hermoso, voy a contener tesoros maravillosos", dijo el primer árbol.

Otro leñador miró al segundo árbol y dijo: "¡Este árbol es muy fuerte, es perfecto para mi!". Y con la arremetida de su hacha, el segundo árbol cayó. "Ahora deberé navegar mares inmensos", pensó el segundo árbol, "Deberé ser el barco mas importante para los reyes mas poderosos de la tierra".

El tercer árbol sintió su corazón hundirse de pena cuando el último leñador se fijó en el. El árbol se paró derecho y alto, apuntando al cielo. Pero el leñador ni siquiera miró hacia arriba, y dijo: "¡Cualquier árbol me servirá para lo que busco!". Y con la arremetida de su hacha, el tercer árbol cayó.

El primer árbol se emocionó cuando el leñador lo llevó al taller, pero pronto vino la tristeza. El carpintero lo convirtió en un pobre pesebre para alimentar a las bestias. Aquel árbol hermoso no fue cubierto con oro, ni contuvo piedras preciosas. Solo contenía pasto.

El segundo árbol sonrió cuando el leñador lo llevó cerca de un embarcadero. Pero pronto se entristeció porque no era el mar sino un lago. No habían por allí reyes sino pobres pescadores. En lugar de convertirse en el gran barco de sus sueños, hicieron de el una simple barcaza de pesca, demasiado chica y débil para navegar en el océano. Allí quedó en el lago con los pobres pescadores que nada de importancia tienen para la historia.

Pasó el tiempo. Una noche, brilló sobre el primer árbol la luz de una estrella dorada. Una joven puso a su hijo recién nacido en aquel humilde pesebre. "Yo quisiera haberle construido una hermosa cuna", le dijo su esposo... La madre le apretó la mano y sonrió mientras la luz de la estrella alumbraba al niño que apaciblemente dormía sobre la paja y la tosca madera del pesebre. "El pesebre es hermoso" dijo ella y, de repente, el primer árbol comprendió que contenía el tesoro mas grande del universo.

Pasaron los años y una tarde, un gentil maestro de un pueblo vecino subió con unos pocos seguidores a bordo de la vieja barca de pesca. El maestro, agotado, se quedó dormido mientras el segundo árbol navegaba tranquilamente sobre el lago. De repente, una impresionante y aterradora tormenta se abatió sobre ellos. El segundo árbol se llenó de temor pues las olas eran demasiado fuertes para la pobre barca en que se había convertido. A pesar de sus mejores esfuerzos, le faltaban las fuerzas para llevar a sus tripulantes seguros a la orilla. ¡Naufragaba!. ¡que gran pena, pues no servía ni para un lago!. Se sentía un verdadero fracaso. Así pensaba cuando el maestro, sereno, se levanta y, alzando su mano dio una orden: "calma". Al instante, la tormenta le obedece y da lugar a un remanso de paz. De repente el segundo árbol, convertido en la barca de Pedro, supo que llevaba a bordo al rey del cielo, tierra y mares.

El tercer árbol fue convertido en sendos leños que por muchos años fueron olvidados como escombros en un oscuro almacén militar. ¡Qué triste yacía en aquella penuria inútil, qué lejos le parecía su sueño de juventud!

De repente un viernes en la mañana, unos hombres violentos tomaron bruscamente esos maderos. El tercer árbol se horrorizó al ser forzado sobre las espaldas de un inocente que había sido golpeado sin misericordia. Aquel pobre reo lo cargó, doloroso, por las calles ante la mirada de todos. Al fin llegaron a una loma fuera de la ciudad y allí le clavaron manos y pies. Quedo colgado sobre los maderos del tercer árbol y, sin quejarse, solo rezaba a su Padre mientras su sangre se derramaba sobre los maderos. el tercer árbol se sintió avergonzado, pues no solo se sentía un fracasado, se sentía además cómplice de aquél crimen ignominioso. Se sentía tan vil como aquellos blasfemos ante la víctima levantada.

Dios nos llama a servirle.

Cuanto está creciendo su gracia en ti?

Y cuán dispuesto estás a sacrificarte por la causa del Señor?







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