miércoles, 19 de marzo de 2014

Leamos hoy Isaías 23

Leamos hoy

Isaías 23


El epítome del poder


¿Quién decretó esto sobre Tiro, la que repartía coronas, cuyos negociantes eran príncipes, cuyos mercaderes eran los nobles de la tierra? Is. 23:8
El poder comienza y termina en Dios.

Tiro y Sidón habían sido ciudades prósperas a raíz del comercio en el mar mediterráneo; ciudades que tenían como trasfondo la cultura fenicia  - cananea.

Eran los dueños del comercio marítimo, llegaron al punto de establecer colonias fenicias a los largo de la costa del mediterráneo, con su principal representante que era la ciudad de Cártago.

Tiro fue  asediada por Nabucodonosor durante 13 años y finalmente fue destruida por Alejandro Magno

Después de una lucha feroz, Alejandro ocupó la ciudad. Los tirios resistieron casa por casa, y Alejandro hizo matar a ocho mil defensores. Dos mil tirios fueron crucificados como venganza por la muerte de algunos macedonios, y otros treinta mil fueron vendidos como esclavos. El rey y los magistrados fueron respetados. El asedio  duró siete meses y la ciudad cayó en julio del 332 AC.

Hay un marcado contraste, que se menciona en Ezequiel capítulo 26 al 28 acerca de lo que era el presente de Tiro y lo que sería su futuro próximo

Por un lado se menciona que era poderosa, perfecta de hermosura, opulenta, rica, dominante, guerrera, atesorada por otro lado el Señor la condena a ser saqueada, muerta a espada, nunca más será edificada, será espanto, quedaría asolada, descenderá al sepulcro, a lo más bajo de la tierra, nunca más sería hallada y para siempre dejaría de ser!

La pregunta del profeta es Quién será el responsable por todo esto?

Quién dice todo esto?

Por lo general cuando alguien pretende descalificar una orden o una autoridad desafía con esta pregunta: y, Quién lo dice?

No había quién pudiera detener a esta ciudad, todos tenían algún vínculo con ella; incluso el templo de Salomón fue construido con materiales que provenían de ella!

Aparentemente todos dependían de ella.

Sin embargo, después que fue destruida por Alejandro Magno, Tiro y Sidón nunca más tuvieron el poder que una vez poseyeron.

El poder no se encuentra en una persona, autoridad o nación; el poder se encuentra en Dios y en lo que él dice.

Un epítome es un resumen o compendio de una obra extensa; y ciertamente, la historia de este mundo comienza con Dios y terminará con él. El poder comienza y termina en Dios; pero mucho más allá de las luchas de poder, estaban los constantes apelos y llamados al arrepentimiento que Dios realizó a través de sus profetas

Pero además un epítome consiste en, después de decir muchas palabras, repetir las primeras a modo de resumen o aclaración

"La profecía de desastre para Tiro concluye del mismo modo que empezó. Las naves de Tarsis, de los fenicios, aullarían porque Tiro, su fortaleza, había sido destruida" (4 CBA, 234) Es decir, su extenso dominio y poder acabarían.

Al igual que sucederá con Satanás y su extenso reino de pecado, quien recurre a sus ardides para seducir al ser humano, quien esta dispuesto a hacer cualquier cosa con tal de destruirlo; Tiro no podría seguir engañado y defraudando a los hombres para siempre. Caería, pero Jerusalén triunfaría. Babilonia la ramera sufriría el mismo fin

Dios y su reino de justicia y misericordia triunfarán; este será el mayor epítome de la historia.

“Dios es Amor”. Su naturaleza y su ley son amor. Lo han sido siempre, y lo serán para siempre. “El Alto y Sublime, el que habita la eternidad”, cuyos “caminos son eternos”, no cambia. En él “no hay mudanza, ni sombra de variación”. (Patriarcas y Profetas, 11)

El gran conflicto ha terminado. Ya no hay más pecado ni pecadores. Todo el universo está purificado. La misma pulsación de armonía y de gozo late en toda la creación. De Aquel que todo lo creó manan vida, luz y contentamiento por toda la extensión del espacio infinito. Desde el átomo más imperceptible hasta el mundo más vasto, todas las cosas animadas e inanimadas, declaran en su belleza sin mácula y en júbilo perfecto, que "Dios es amor". (Conflicto de los siglos, 737)

Dios te bendiga!





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