Isaías 21
Qué hora de la noche es?
"Alguien me grita desde Seír: «Centinela, ¿cuánto queda de la noche? Centinela, ¿cuánto falta para que amanezca?» El centinela responde: «Ya viene la mañana, pero también la noche. Si quieren preguntar, pregunten; si quieren volver, vuelvan." Is. 21:12
"¿Qué de la noche? Esta pregunta posiblemente equivalga a "¿Qué hora de la noche es?". Algunos de Edom indagan con urgencia e insistencia cuáles son las nuevas. Es hora de oscuridad y peligro, y están ansiosos por saber cuándo llegará el amanecer, para aliviar su ansiedad y temor.
La mañana viene.
La respuesta del vigía es misteriosa, y presagia cosas malas. No da ninguna respuesta definida; sencillamente afirma que, aunque venga la mañana, seguirá la noche. Hay poca luz o esperanza para el porvenir. Las horas que seguirán son oscuras, lúgubres e inciertas. Tal había de ser la historia futura del desdichado país de Edom. Sería pisoteado por una sucesión de conquistadores, y finalmente quedaría reducido a una completa desolación. Los vigías de Dios que están hoy sobre los muros de Sión debieran estar listos para dar respuesta a quienes preguntan en qué hora de la larga 228 noche de la tierra estamos y
cuándo puede esperarse el amanecer del día eterno (4 CBA, 227).
"Aunque los gobernantes de este mundo no lo sepan, ha sido frecuente que en sus asambleas hablaran ángeles. Ojos humanos los han mirado; oídos humanos han escuchado sus llamamientos; labios humanos se han opuesto a sus indicaciones y han puesto en ridículo sus consejos; y hasta manos humanas los han maltratado. En las salas de consejo y en los tribunales, estos mensajeros celestiales han revelado sus grandes conocimientos de la historia de la humanidad y se han demostrado más capaces de defender la causa de los oprimidos que los abogados más hábiles y más elocuentes. Han frustrado propósitos y atajado males que habrían atrasado en gran manera la obra de Dios y habrían causado grandes padecimientos a su pueblo. En la hora de peligro y angustia “el ángel de Jehová acampa en derredor de los que le temen, y los defiende.” Salmos 34:7.
El pueblo de Dios espera con ansia las señales de la venida de su Rey. Y cuando se les pregunta a los centinelas: “¿Qué hay de la noche?” se oye la respuesta terminante: “¡La mañana viene, y también la noche!” Isaías 21:11, 12 (VM). La luz dora las nubes que coronan las cumbres. Pronto su gloria se revelará. El Sol de Justicia está por salir. Tanto la mañana como la noche van a principiar: la mañana del día eterno para los justos y la noche perpetua para los impíos.(Conflicto de los Siglos, 690)
"Es necesario presentar a menudo a la gente la bienaventurada esperanza de la segunda venida de Cristo con sus solemnes realidades. Esperar la pronta aparición de nuestro Señor nos inducirá a considerar las cosas terrenales como nada y vacías.
Pronto se ha de pelear la batalla de Armagedón. Aquel sobre cuya vestidura está escrito el nombre Rey de reyes y Señor de señores, ha de encabezar pronto los ejércitos del cielo.
No pueden ya decir los siervos del Señor, como el profeta Daniel: “El tiempo fijado era largo.” Daniel 10:1. Falta ahora muy poco tiempo para que los testigos de Dios hayan cumplido su obra de preparar el camino del Señor.
Hemos de poner a un lado nuestros planes estrechos y egoístas, recordando que se nos ha encargado una obra de la mayor magnitud y de la más alta importancia. Al hacer esta obra estamos pregonando los mensajes del primer ángel, del segundo y del tercero, y preparando así la llegada de aquel otro ángel del cielo que ha de iluminar la tierra con su gloria.
El día del Señor se está acercando furtivamente; pero los que se llaman grandes y sabios no conocen las señales de la venida de Cristo y del fin del mundo. Abunda la iniquidad y el amor de muchos se ha enfriado.
Miles y millares, sí, millones y millones, hacen ahora su decisión para la vida eterna o la muerte eterna. El hombre que está completamente absorbido por su contaduría, el que halla placer ante la mesa de juego, el que se deleita en satisfacer el apetito pervertido, el amador de diversiones, los que frecuentan el teatro y el salón de baile, no tienen en cuenta la eternidad. Toda la preocupación de su vida es: ¿Qué comeremos? ¿Qué beberemos? ¿Con qué nos vestiremos? No se hallan en la procesión que avanza hacia el cielo. Son conducidos por el gran apóstata, y con él serán destruídos.
A menos que comprendamos la importancia de los momentos que están pasando rápidamente a la eternidad, y nos preparemos para subsistir en el gran día de Dios, seremos mayordomos infieles. El centinela debe saber qué hora de la noche es. Todo está ahora revestido de una solemnidad que deben comprender todos los que creen la verdad para este tiempo. Deben actuar con referencia al día de Dios. Los juicios de Dios están por caer sobre el mundo, y necesitamos prepararnos para aquel gran día.
Nuestro tiempo es precioso. Nos quedan tan sólo muy pocos días de gracia en los cuales prepararnos para la vida futura e inmortal. No tenemos tiempo que gastar en movimientos desordenados. Debemos temer la costumbre de leer superficialmente la Palabra de Dios.
Es tan cierto ahora como cuando Cristo se hallaba en la tierra que toda penetración del Evangelio en el dominio del enemigo arrostra la fiera oposición de sus vastos ejércitos. El conflicto que está por sobrecogernos será el más terrible que se haya presenciado jamás. Pero aunque Satanás se nos presente como guerrero poderoso y armado, su derrota será completa, y perecerá con él todo aquel que se le una al preferir la apostasía a la lealtad.
El Espíritu refrenador de Dios se está retirando ahora mismo del mundo. Los huracanes, las tormentas, las tempestades, los incendios y las inundaciones, los desastres por tierra y mar, se siguen en rápida sucesión. La ciencia procura explicar todo esto. Menudean en derredor nuestro las señales que nos dicen que se acerca el Hijo de Dios, pero son atribuidas a cualquier causa menos la verdadera. Los hombres no pueden discernir a los ángeles que como centinelas refrenan los cuatro vientos para que no soplen hasta que estén sellados los siervos de Dios; pero cuando Dios ordene a sus ángeles que suelten los vientos, habrá una escena de contienda que ninguna pluma puede describir.
A los que son indiferentes en este tiempo, Cristo dirige esta amonestación: “Mas porque eres tibio, y no frío ni caliente, te vomitaré de mi boca.” Apocalipsis 3:16. La figura empleada al decir que os vomitará de su boca, significa que no puede ofrecer a Dios vuestras oraciones o vuestras expresiones de amor. No puede apoyar vuestras enseñanzas de su Palabra ni vuestra obra espiritual. No puede presentar vuestros ejercicios religiosos con la petición de que se os conceda gracia.
Si pudiese descorrerse el telón, y pudieseis discernir los propósitos de Dios y los juicios que están por caer sobre un mundo condenado, si pudieseis ver vuestra propia actitud, temeríais y temblaríais por vuestras propias almas y por las almas de vuestros semejantes. Haríais ascender al cielo fervientes oraciones con corazón angustiado. Lloraríais entre el pórtico y el altar, confesando vuestra ceguera espiritual y apostasía." (3 JT, 13,14)
Preguntad si queréis.
Estas palabras presuponen un ardiente deseo de saber el significado de la respuesta misteriosa del vigía. Este se ha negado a dar una respuesta definitiva, y los indagadores permanecen en la oscuridad. Si desean preguntar de nuevo, pueden hacerlo; pero no se les da seguridad de que una segunda
pregunta obtendrá una respuesta más satisfactoria que la primera.
Postergada por misericordia—La larga noche de tinieblas es penosa, pero la mañana es postergada por misericordia, porque si el Señor viniera, muchos serían hallados desapercibidos. El deseo de Dios de que su pueblo no perezca ha sido la razón de tan larga demora.—Testimonies for the Church 2:194 (1868).
Y tú Atalaya de tu hogar, de tus hermanos, de tu trabajo, de tu vecindad, Sabes qué hora es?
Ha llegado la hora de despertar y anunciar el más grande día de la historia; el más grande acontecimiento está a punto de suceder. Cristo viene pronto!
Sé tu el atalaya que lo proclame!
Dios te bendiga!
No pueden ya decir los siervos del Señor, como el profeta Daniel: “El tiempo fijado era largo.” Daniel 10:1. Falta ahora muy poco tiempo para que los testigos de Dios hayan cumplido su obra de preparar el camino del Señor.
Hemos de poner a un lado nuestros planes estrechos y egoístas, recordando que se nos ha encargado una obra de la mayor magnitud y de la más alta importancia. Al hacer esta obra estamos pregonando los mensajes del primer ángel, del segundo y del tercero, y preparando así la llegada de aquel otro ángel del cielo que ha de iluminar la tierra con su gloria.
El día del Señor se está acercando furtivamente; pero los que se llaman grandes y sabios no conocen las señales de la venida de Cristo y del fin del mundo. Abunda la iniquidad y el amor de muchos se ha enfriado.
Miles y millares, sí, millones y millones, hacen ahora su decisión para la vida eterna o la muerte eterna. El hombre que está completamente absorbido por su contaduría, el que halla placer ante la mesa de juego, el que se deleita en satisfacer el apetito pervertido, el amador de diversiones, los que frecuentan el teatro y el salón de baile, no tienen en cuenta la eternidad. Toda la preocupación de su vida es: ¿Qué comeremos? ¿Qué beberemos? ¿Con qué nos vestiremos? No se hallan en la procesión que avanza hacia el cielo. Son conducidos por el gran apóstata, y con él serán destruídos.
A menos que comprendamos la importancia de los momentos que están pasando rápidamente a la eternidad, y nos preparemos para subsistir en el gran día de Dios, seremos mayordomos infieles. El centinela debe saber qué hora de la noche es. Todo está ahora revestido de una solemnidad que deben comprender todos los que creen la verdad para este tiempo. Deben actuar con referencia al día de Dios. Los juicios de Dios están por caer sobre el mundo, y necesitamos prepararnos para aquel gran día.
Nuestro tiempo es precioso. Nos quedan tan sólo muy pocos días de gracia en los cuales prepararnos para la vida futura e inmortal. No tenemos tiempo que gastar en movimientos desordenados. Debemos temer la costumbre de leer superficialmente la Palabra de Dios.
Es tan cierto ahora como cuando Cristo se hallaba en la tierra que toda penetración del Evangelio en el dominio del enemigo arrostra la fiera oposición de sus vastos ejércitos. El conflicto que está por sobrecogernos será el más terrible que se haya presenciado jamás. Pero aunque Satanás se nos presente como guerrero poderoso y armado, su derrota será completa, y perecerá con él todo aquel que se le una al preferir la apostasía a la lealtad.
El Espíritu refrenador de Dios se está retirando ahora mismo del mundo. Los huracanes, las tormentas, las tempestades, los incendios y las inundaciones, los desastres por tierra y mar, se siguen en rápida sucesión. La ciencia procura explicar todo esto. Menudean en derredor nuestro las señales que nos dicen que se acerca el Hijo de Dios, pero son atribuidas a cualquier causa menos la verdadera. Los hombres no pueden discernir a los ángeles que como centinelas refrenan los cuatro vientos para que no soplen hasta que estén sellados los siervos de Dios; pero cuando Dios ordene a sus ángeles que suelten los vientos, habrá una escena de contienda que ninguna pluma puede describir.
A los que son indiferentes en este tiempo, Cristo dirige esta amonestación: “Mas porque eres tibio, y no frío ni caliente, te vomitaré de mi boca.” Apocalipsis 3:16. La figura empleada al decir que os vomitará de su boca, significa que no puede ofrecer a Dios vuestras oraciones o vuestras expresiones de amor. No puede apoyar vuestras enseñanzas de su Palabra ni vuestra obra espiritual. No puede presentar vuestros ejercicios religiosos con la petición de que se os conceda gracia.
Si pudiese descorrerse el telón, y pudieseis discernir los propósitos de Dios y los juicios que están por caer sobre un mundo condenado, si pudieseis ver vuestra propia actitud, temeríais y temblaríais por vuestras propias almas y por las almas de vuestros semejantes. Haríais ascender al cielo fervientes oraciones con corazón angustiado. Lloraríais entre el pórtico y el altar, confesando vuestra ceguera espiritual y apostasía." (3 JT, 13,14)
Preguntad si queréis.
Estas palabras presuponen un ardiente deseo de saber el significado de la respuesta misteriosa del vigía. Este se ha negado a dar una respuesta definitiva, y los indagadores permanecen en la oscuridad. Si desean preguntar de nuevo, pueden hacerlo; pero no se les da seguridad de que una segunda
pregunta obtendrá una respuesta más satisfactoria que la primera.
Postergada por misericordia—La larga noche de tinieblas es penosa, pero la mañana es postergada por misericordia, porque si el Señor viniera, muchos serían hallados desapercibidos. El deseo de Dios de que su pueblo no perezca ha sido la razón de tan larga demora.—Testimonies for the Church 2:194 (1868).
Y tú Atalaya de tu hogar, de tus hermanos, de tu trabajo, de tu vecindad, Sabes qué hora es?
Ha llegado la hora de despertar y anunciar el más grande día de la historia; el más grande acontecimiento está a punto de suceder. Cristo viene pronto!
Sé tu el atalaya que lo proclame!
Dios te bendiga!
No hay comentarios:
Publicar un comentario